jueves, septiembre 04, 2008

¡Agregué a Locke, Linus y Desmond a msn!



sábado, agosto 16, 2008

Brick y Funny ha ha

Brick y Funny ha ha. Qué deleite. Oxigenemos la atmósfera saturada que impuso la sobrevalorada Batman: the dark knight y hablemos de otra cosa.



Partamos por Brick, una película de detectives instalada en una secundaria californiana. El prototipo del investigador privado de impermeable y sombrero está desarrollado, aquí, por un simple estudiante. El villano y sus secuaces, también. En pocas palabras, los elementos clásicos del film noir o cine negro de detectives se canalizan en una cinta de adolescentes colegiales. Los componentes del género policial se tiñen de la atmósfera escolar gringa: la femme fatal, el informante secreto, las clásicas cabinas telefónicas, el misterioso crimen, la intriga. La ironía presente en el filme es innegable, sin embargo, la cinta es mucho más que eso. La fachada sarcástica que exhibe este submundo cuyo centro de operaciones es el sótano de la casa de la madre del líder de la mafia secundaria, es sólo una superficie. Indiscutiblemente, la originalidad y singularidad de la película es digna de exploración. Brick es sórdida, inteligente, realista. Plantea truculentos desengaños, traiciones y dilemas morales en clave detectivesca. El otrora candoroso Joseph Gordon-levitt, últimamente, pareciera ser sinónimo de buen cine. De prostituto gay en Mysterious skin pasa a interpretar al tradicional investigador privado con tintes de antihéroe: perspicaz, valiente, inteligente. Y por supuesto: golpeado, humillado, enfermo. Por lo demás, la imagen de la cinta es notablemente atractiva. Por una parte, emplaza texturas y escenarios noir en sitios cotidianos, evocando en ciertas escenas a la seducción y misticismo del cine de David Lynch. Y, por otra parte, recurre a prodigiosas secuencias, planos y movimientos de cámara propios de la frescura del más puro cine independiente. Las escenas de peleas son ejemplos evidentes de la innovación visual. Desde Memento que no aparecía una cinta policial tan astuta. Brick es una bofetada de ingenio y desfachatez que reivindica al género policial y se sitúa al nivel de pieza de culto.




Sigamos con Funny haha. La cinematografía gringa nos ha impuesto estructuras narrativas que, por lo general, son de intensidad dramática ascendente y ritmo expedito. Y nos hemos acostumbrado a aquello. Pero no hay que olvidar algo: el cine es un lenguaje, y como tal es capaz de plantear particulares formas de comunicación. Funny ha ha desafía a los cánones vigentes y consigue un resultado interesante. La cinta rechaza la grandilocuencia que implica una banda sonora, el trabajo de diálogos y una historia urdida, para brindarnos simples acciones dotadas de una excepcional naturalidad. Su esqueleto argumental es muy sencillo: cuatro o cinco situaciones en base a las cuales la película se sostiene. La gracia del filme radica en la forma. Un aire de documental la envuelve. La cámara, más que filmar, se entromete en los sucesos. Un brutal realismo es la consecuencia de ese bien ejecutado minimalismo. Los actores no parecen ser actores y la película no parece ser película. Pero lo es. Los parlamentos son tan triviales pero honestos, y las escenas tan corrientes pero espontáneas, que pareciera estar presenciando hechos reales. El filme se centra en la vida de una delgada protagonista y su entorno post adolescente, y nos habla de la incertidumbre, angustia e indefinición propias de los veintitantos. La franqueza, perspicacia y llaneza de la cinta es absolutamente admirable. Funny ha ha hace frente al relato tradicional y recurriendo a una narración pulcra, deliberadamente precaria, fiel a sí misma e irregular, exhibe una historia atractiva, sincera, efectiva y desinteresada y, de paso, nos hace pensar en las inexploradas estructuras argumentales que el cine puede utilizar. Definitivamente, no es una película para todo el mundo.

viernes, agosto 08, 2008

Perdidos en Bangkok


I.
Íbamos en un ascensor. Éramos Mónica Bellucci y yo. Un hombre común y una mujer inalcanzable unidos en una circunstancia. Nos dirigíamos a fornicar. Estábamos en el Lebua at State tower, un lujoso hotel de Bangkok. Nos conocimos en la sexagésima tercera planta, en el Sirocco, el sky bar más alto del mundo. La distinguí y no la perdí de vista. Ella miraba la fabulosa y resplandeciente ciudad y yo bebía un whisky. Éramos los únicos rostros occidentales. Atravesé la pista de baile y me situé a su lado. Dije: Thailand is a mixture of modernity and tradition, you know. Oí resonar las palabras en mi cabeza y me sentí como un guía turístico. Mónica sonrió. Créanme, fue extraordinario. Eso bastaba. Si arruinaba el diálogo, conservaría esa sonrisa.

- Where are you from? - dijo.
- Chile.
- Chile?
- Salas, Zamorano, Pinochet, Neruda…
- ¡Ah! Chile.

Un chilenito promedio y la actriz italiana más sensual del mundo. A eso le llamo estar en el lugar justo en el momento preciso. El idílico escenario y el alcohol afirmaban mi peso existencial. En otras circunstancias, a su lado me hubiese sentido como un insecto. Le pregunté qué hacía en Tailandia y me explicó que rodaba una película. Hizo lo propio y le revelé que me daba las vacaciones de mi vida. Entretanto, le extendí una cajetilla de Lucky strike Light con un cigarrillo sobresalido y le ofrecí fuego; luego encendí uno para mí. Mi maniobra fue fluida y me sentí orgulloso. Cada uno de sus gestos y movimientos eran un acto de una belleza sublime. Hablamos y bebimos durante casi una hora. Entonces ocurrió un milagro.

- Do you want to come to my suite and have sex with me? - me dijo.
- Are you kidding me?
- No.

Hubo un silencio de siete segundos, en seguida respondí.

- Yes, i will fuck you.

II.
El ascensor se detuvo en la vigésima quinta planta. Caminamos en silencio hasta llegar a la habitación 28 e ingresamos. Me hizo pasar al balcón, luego dijo que volvía en un segundo y me dejó solo. La vista era maravillosa, el río Chao Phraya y la modernidad en su máxima expresión creaban un cuadro majestuoso. Mónica volvió con dos whiskys y dos pastillas. Puso una en su boca y otra en la mía, después me instó a digerirla con un prolongado sorbo. Estaba entregado, como un rehén. Conversamos cosas que no recuerdo y acabamos nuestros vasos. El beso fue arrebatado y a quemarropa. Nuestras lenguas tuvieron sexo. Ambos sudábamos y jadeábamos y palpábamos y ansiábamos. Nuestra acompañante, la gloriosa panorámica nocturna, se reía de nuestra fragilidad y finitud.

Cerré los ojos. Los abrí y estábamos en su cama. En una de las paredes de la alcoba lucía un enorme plasma que exhibía el video clip tear us apart de She wants revenge. Una imagen obscenamente sexy armonizaba el ritmo electro pop: la vacilante desnudez de Mónica sobre mí. Nuestras distorsionadas percepciones se fusionaban en deliciosos vaivenes y caricias. Me besó y de nuevo cerré los ojos. Volví a ver y ella ahora estaba boca abajo recibiendo mis arremetidas. Todo era difuso, como un sueño.

De golpe, aterricé en la tangible realidad: mi cópula con una actriz mundialmente famosa. Me desprendí de la carnalidad del contexto y saqué conclusiones. Estaba follando con un concepto estético imperante. La belleza es un poder, tal como lo es el dinero y las armas. En cierta forma, pensé, mi acto sexual con Mónica Bellucci equivalía a hacerme presidente de una empresa multinacional o a poseer una bomba atómica. Tenía sexo con el emblema contemporáneo de la belleza. Me sentí el rey del mundo, justo después eyaculé.

III.
En la mañana desperté con las rodillas débiles. Sentí una ambigua mezcolanza de sensaciones: satisfacción, pudor, vergüenza. Comprendí que lo más difícil sería la conversación matutina. La clásica timidez del chileno saldría a flote. Mónica estaba en el balcón del cuarto charlando por celular. Hablaba en francés. No entendí nada, sin embargo, escuché varias veces la palabra Vincent. Entró a la habitación y simulé estar dormido. Caminó de aquí para allá y finalmente oí un portazo. Me levanté y vi una nota sobre la cama.

"I had to go. I spent a really good time with you, i hope you too. Bye, stranger."

La firma decía Mónica B.

Con una sonrisa indestructible, prendí el plasma. En todos los canales de televisión se hablaba de un insólito eclipse lunar que tuvo lugar a eso de las 2 de la madrugada. Varios científicos expresaron sus opiniones y algunos se atrevieron a decir que se trataba de un síntoma del fin del mundo. Ciertas personas, incluso, describieron asombrosos sucesos de que fueron objeto durante la noche. Apagué la pantalla y espontáneamente exclamé lo siguiente: ¡bendita anomalía lunar!

viernes, julio 25, 2008

Las películas más raras de la historia del cine

9. Donnie Darko de Richard Kelly.

7. Delicatessen de Jean Pierre Jeunet y Marc Caro.

3. Naked lunch de David Cronenberg.

El sitio web bakkouz.net eligió las 10 películas más raras de la historia del cine. La lista es arbitraria -como todas-, pero simpática. Entre las elegidas están Naked lunck, Donnie Darko, Delicatessen, Pi, entre otras. Si quiere ver la lista completa, haga click aquí: Top 10 weirdest movies of all time

miércoles, julio 23, 2008

Películas para agendar









martes, julio 15, 2008

Promesas del este




La revisión del cine de David Cronenberg devela la evolución y sofisticación de sus obsesiones, perversiones y fetiches. Dicho de otra forma, repasar su filmografía es ojear su ficha clínica. Scanners y La mosca son parte de la penetrante y fresca morbosidad de sus principios. Crash y Existenz plantean retorcidos predicamentos existenciales disolubles en distintos niveles. Y Spider y Una historia violenta, junto con alcanzar el clímax de su labor narrativa, aclaran que Cronenberg no tiene que demostrar nada a nadie. Promesas del este sigue esa senda.

La ostentación propia de los primeros filmes de un cineasta talentoso, se va desvaneciendo a medida que se alcanza el lenguaje cinematográfico que se busca. Cronenberg lo encontró hace años. Su experiencia lo llevó a optar por la simpleza, la armonía y la elegancia narrativa. Sus temáticas, usualmente, se han revestido de crudeza, extravagancia y audacia, sin embargo, un enfoque más interno se ha manifestado en sus últimas películas, incluida Promesas del este. La preeminencia de esa perspectiva, si bien conserva su sello, ha vuelto más convencional a su cine, lo cual en ningún caso menoscaba su visión, al contrario, expresa la constante exploración de sus películas y su habitual valentía cinematográfica.

Los tópicos predilectos de David Cronenberg, vale decir, la mutación y la degeneración, se repiten en Promesas del este, sin embargo, esta vez yacen en la profundidad de los personajes. La violencia parece ser la mejor representación de las exposiciones subyacentes de la película, tal como ocurrió en Una historia violenta. Por una parte, formula a la agresividad como parte de nuestro código genético y, por otra, plantea la necesidad de una lucha interior para apartarnos de ella. Las transformaciones, antes concebidas físicamente, en sus últimos tres filmes han sido psicológicas. Así, entre otras reflexiones, Promesas del este habla de las metamorfosis mentales y espirituales del hombre frente a cuestionamientos morales, y de la siempre presente disputa íntima entre el bien y el mal.

La película se introduce en el mundo de la mafia rusa en Londres, un universo que se revela tenebroso, fascinante e inquietante. Una indeterminación ética prevalece en el ambiente de la cinta. Por un lado, observamos hombres cultos, ceremonias pomposas, unidad familiar. Y por otro, sangre fría, muertes gratuitas, negocios sucios. El guión carece de una originalidad sobresaliente, sin embargo, aquello se compensa con el garbo del tratamiento narrativo. La lugubricidad, la oscuridad y el misterio procedentes de los personajes, los diálogos y la atmósfera, enaltecen la idea inicial. Por lo demás, la fidelidad de los elementos distintivos del contexto mafioso, tales como la significación de los tatuajes, la inclemencia de los asesinatos y los suntuosos festejos, está simplemente impecable.

Si bien Promesas del este es un filme mainstream, goza de los más refinados recursos del cine negro. En consecuencia, tras la linealidad y llaneza que expresa la narración, Cronenberg nos guiña un ojo. Por lo tanto, su dureza, delicadeza y seducción particulares acompasan el filme, concediéndonos un melodioso relato. Su impronta, por ende, subyace en cada fotograma.

Las segundas lecturas son obligadas a la hora de ver filmes de cineastas catalogados como autores. Promesas del este, pienso, habla de venganzas, de submundos, de la trivialización del mal, de la seducción y sujeción que ejerce el poder, del esporádico acometimiento de la conciencia moral y de la naturaleza violenta del hombre.

Resulta necesario mencionar la actuación de Viggo Mortensen. Está excelente. La profundización de su trabajo actoral es admirable. Provee al personaje de una prestancia y carisma que bien valen los premios que ha ganado. Hay que reconocerlo, gran parte del mérito del filme recae en él.

Ah, David Cronenberg. Hablamos de un cineasta que durante décadas ha perturbado la mente del espectador y que ha sentado bases en el cine contemporáneo. Promesas del este es una película de marca registrada. Otra digna pieza de su indispensable filmografía. A estas alturas, no vamos a pretender discutir el valor de su cine.

domingo, julio 06, 2008

Sobre John Locke y la reivindicación del hombre común


Digamos que John Locke es mi personaje favorito de Lost. Definido esto, continuemos. El culto a la televisión es una lacra, partamos por ahí. De la noche a la mañana surgen figuras patéticas a las cuales se les rinde pleitesía. Una lástima. Asimismo, la clase política es una mácula más sofisticada. Y diariamente, por lo demás, nos topamos con profesionales deshonestos o incompetentes de reputadas áreas. La aclamación, el prestigio, el éxito y la fama han perdido valor. El dinero mueve montañas. En consecuencia, el heroísmo barato del grupo selecto siempre es cómodo. Es fácil ser modesto cuando se es célebre, dijo Sábato. Es fácil ejecutar actos de bondad cuando se lo tiene todo. Distinto es el heroísmo del hombre común, ese arrojo difamado, silencioso, abnegado. Aquí entra John Locke. Su vida es lucha y fatalidad. Hay algo detrás de todo esto, piensa Locke. Un sentido, un significado, una luz. Sus circunstancias y decisiones lo llevaron a convertirse en un hombre común y corriente. Nunca logró nada sobresaliente. Su norte, sin embargo, fue el más noble: una misericordiosa y constante búsqueda. Algo hay, se decía inconcientemente. No obstante, sólo la soledad y una menoscabada fe fueron el resultado de una vida llena de desconsuelos y altruismos calumniados y desprovistos de gloria.

El hombre puede alcanzar múltiples objetivos superficiales dotados de profuso renombre, pero, ¿qué hace que una persona sea especial? Locke representa a la materia prima invisible del ser humano, a la esencia de la que estamos hechos, a la grandeza espiritual a la que podemos aspirar. Conciente del misterio del que formamos parte, Locke intenta conectarse con la verdad inalcanzable y cumplir el rol que le corresponde. Encontrar su destino, desarrollar su potencial adormecido, revelar su identidad. El sacrificio de su búsqueda hace miserable a su vida, y Locke mira pasar los años, sus fracasos, sus sueños incumplidos y la odiosa rutina impuesta por las circunstancias existenciales con la brutal incertidumbre de si llegará el día en que su apasionada sensibilidad, su mística sabiduría y su obsoleta humanidad cumplan su papel. Locke simboliza al hombre imperfecto que encuentra el camino perdido. Todo pasa por una razón, dice. Lo llaman demente, traidor y canalla. Y un día su sufrimiento muta en gloria. Locke pasa a ser un líder, un elegido, un salvador. Halla el significado de su búsqueda y con ello su lugar y su misión. John Locke constituye la reivindicación del individuo común. Del hombre fatigado, del hombre vulnerable, del hombre que lucha. John Locke excluye a los Superman y Batman y enaltece a los verdaderos superhéroes.

viernes, junio 20, 2008

El fin de los tiempos (The happening)


A propósito de El fin de los tiempos, mucho se ha hablado de la renovación de M. Night Shyamalan. No estoy de acuerdo. Por una parte, la película conserva su estilo narrativo. Y por otra, no necesita una evolución radical. El problema, creo, es que el cine de Shyamalan es masivo. Los cánones conforme a los cuales es evaluado son volubles. El sexto sentido fue un acierto portentoso, está claro. Todo el mundo la amó. Pero fue eso: un acierto, una circunstancia, un momento. Es en el conjunto de sus películas donde identificamos la impronta de su cine. Y así podemos apreciar el particular encanto de cada uno de sus filmes. El punto es el siguiente: Shyamalan no es lo máximo ni tampoco es lo peor, como fervorosamente lo han calificado los cuantiosos espectadores de su cine.

La dama en el agua y La aldea tal vez no alcanzaron los réditos deseados, sin embargo, son películas correctísimas. Si las hubiese realizado un cineasta europeo cool, nadie dudaría de ellas. Serían cine arte inofensivo. Pero las hizo Shyamalan. Vale decir, las ejecutó un cineasta con visión financiado a ojos cerrados por la industria cinematográfica gringa, dicho de otra forma: un infiltrado en el comercial mundo del celuloide. Los planteamientos subyacentes son recurrentes en sus filmes, no obstante, dadas las condiciones es más cómodo reprochar que analizar.

Es cierto, el contexto lucrativo limita a Shyamalan -como a cualquiera, creo-. En consecuencia, tanto el emisor como el receptor tendrán que ceder. El emisor -Shyamalan- adaptará, en cierta medida, su producto a las masas. El receptor de paladar refinado, por su parte, tendrá que aceptar a regañadientes esos ajustes. Y el receptor masivo, quien verá la película circunscrita a lo que muestran los fotogramas, muchas veces quedará inconforme. He ahí el dilema.

Shyamalan tiene el estigma de ser uno de los pocos cineastas-autores que consiguen éxitos de taquilla. Al hablar de cine de autor o cine arte me refiero al cine como generador de emociones sofisticadas, al cine con visión apasionada. La dama en el agua es un filme honesto, bello, original. Y fue un fiasco. Quizá pecó de ser muy de “autor”. O muy franco. Así, las películas de Shyamalan, pienso, son el resultado de un proceso a través de engranajes, donde sus ideales y los de la industria se enfrentan.

El fin de los tiempos -The happening- viene a ser la confirmación de la doble naturaleza de Shyamalan. Por un lado, sugiere un escenario apocalíptico, acción, muertes, magnificencia visual. Y por otro, plantea una faceta oculta de mucho más peso: la psicología, la atmósfera y la profundidad del filme. Puede que esa ambigüedad sea uno de los más interesantes recursos estilísticos del cineasta de origen hindú.

El magistral minimalismo, la adecuada utilización de los silencios y la acertadísima elección de los planos y secuencias, hacen que la película enganche e intrigue. La historia y el trasfondo, por lo demás, motivan. Todo aquello se condice con lo ya demostrado por Shyamalan en sus trabajos anteriores. El problema, aquí, radica en el cierre. Del suspenso pasa a un terror gótico y provocador, insinuando un desenlace epifánico y terrible que nunca llega.

La película, hablándonos visualmente -como debe ser-, nos plantea preguntas y nos invita a divagar. Se agradece que no recurra a voces en off ni a explicaciones excesivas. El error está en la vacilación a la hora del desenlace. El filme se va extraviando por el final, cayendo en un par de clichés lamentables. El impulso inicial pierde peso. Con todo, sigue siendo un ejercicio interesante y atractivo, y, por qué no decirlo, una gran película.

Inevitablemente, la relacioné con la reciente Southland tales de Richard Kelly. La temática de fondo es muy similar: el fin del mundo como corolario del estado de crisis del mundo actual. La diferencia está en las perspectivas. Todo lo que en Southland tales es ambición y pretensión, en El fin de los tiempos es austeridad y pulcritud narrativa. Además, el enfoque de la cinta de Richard Kelly es netamente existencialista, a diferencia de la de Shyamalan, cuya visión superpone a la naturaleza sobre el hombre.

sábado, mayo 31, 2008

Edmond




El viaje como psicoanálisis. La idea no es nueva, incluso nació un género cinematográfico: las road movies. Los personajes de ellas escapan de la cotidianeidad y ponen sal a sus vidas. De paso, suelen enamorarse y redescubrirse, digamos que en la mayoría de los casos. Edmond toma parte del concepto de película de viaje o película de caminos, tanto en cuanto a la idea de un viaje físico como a la de uno espiritual o interno, no obstante, no es una road movie. No calza del todo. Por una parte, su propuesta es intensamente pesimista. Y por otra, el viaje es una caminata de noche por las calles de Nueva York. Es decir, faltan las carreteras, el automóvil y el optimismo.

El concepto descenso, por lo demás, me convence más que el de viaje. Tras el quiebre con su esposa, Edmond Burke emprende un camino cuesta abajo hacia la revelación de su predicamento: su identidad. La película nos presenta un cúmulo de situaciones en que el protagonista parte por afirmar su virilidad y termina por despertar sus cuestionamientos más recónditos. El profundo desarraigo con el mundo que lo rodea sale a flote en su odisea nocturna y su psicología reprimida emerge.

El guión es de David Mamet. Su experiencia como dramaturgo, novelista, guionista y cineasta determinan que funcione como reloj. Sus temáticas tradicionales se canalizan en Edmond, atormentada y poéticamente. El existencialismo presente en el filme es innegable. Vemos a Mamet en su máxima expresión. Convincente, bella y angustiosamente, se plasman en la cinta el sentido trágico de la existencia del hombre y la aceptación de la convivencia en una realidad absurda.

La dirección está a cargo de Stuart Gordon, el cerebro detrás del clásico del cine de terror Re-animator. La elección de un cineasta dedicado al horror es perfecta, la razón está en las herramientas que manejan los directores de ese cine. Edmond es una película incómoda y perturbadora, dotada de una estética sofisticada, opresora y sombría. Evidentemente, alguien proveniente del género del horror saca provecho de una atmósfera de esa naturaleza. Además, en cierto modo Edmond es un filme de terror, el terror de no encontrar un sentido, y el terror de ser títeres de la realidad.

Los condimentos filosóficos de Edmond son manifiestos. El nombre del protagonista no es gratuito. Edmund Burke fue un escritor, filósofo y político británico que planteó, entre otras cosas, una teoría estética en la que relacionó belleza, poder y terror, y en la que divulgó que la noche despierta nuestros miedos más ocultos. La caminata nocturna por las calles de Nueva York, teñida de sangre y sexo, desnuda al protagonista. De sopetón, Edmond se enfrenta a su irremediable alienación y falta de pertenencia, y, ajeno a convenciones sociales, lucha por hacer algo al respecto.

El talón de Aquiles del filme, si es que tiene uno, es su origen teatral. Edmond es la adaptación de una obra de teatro del mismo David Mamet. Muchos de los diálogos de la cinta son estremecedores, sin embargo, otros ostentan una profundidad y complejidad más propia del teatro que del cine. Si bien podemos disfrutarlos, atentan contra la fluidez narrativa que plantea la película. No obstante, si hablamos de los diálogos, hallaremos muchas más virtudes que defectos. La charla de la escena final está a otro nivel.

Resuenan los ecos de Taxi driver, El extranjero y El hombre que nunca estuvo. Edmond es un sociópata en potencia, un anacronismo, un forastero. La violencia será el fruto de la relación causa-efecto. Su karma. En el mundo no hay espacio para él. Edmond está lleno de odio.

El reparto lo encabeza el impecable William H. Macy. Dan ganas de ponerse de pie y aplaudirlo. Está brillante. Es capaz de interpretar con maestría a un hombre amigable, peligroso, enérgico, deprimente. Un ente fuera de lugar. Un individuo de constantes frustraciones y erráticas introspecciones. Macy se echa el filme al hombro y sale airoso. El resto de los personajes son obstáculos en la epopeya del protagonista y, por tanto, sus participaciones son breves y catárticas. El elenco es peculiar, destaca Julia Stiles, Mena Suvari, Denise Richards y Joe Mantegna.

Edmond es cine del puro. Ese que busca el cinéfilo empedernido entre tanto escombro inservible. Da gusto notar que aún es posible sobrecogerse. Esta película es poderosa. Fiel a su visión, niega los moldes. Ahí está su mérito: su coraje. Su ausencia de miramientos complacientes. El resultado: una joyita del cine independiente.

lunes, mayo 26, 2008

De Tarantino y su pasión por el cine


El festival de Cannes todos los años realiza algo que se llama la “Cinema masterclass”, es decir, la clase magistral de cine. En la actual edición está a cargo del cineasta QUENTIN TARANTINO. Fue la ocasión para que el realizador definiera su pasión por el cine: “Yo quiero hacer películas, por lo cual yo tengo que hacer películas. La razón por la cual no hago más películas es que me gusta vivir la vida entre una y otra. Yo le doy todo a mis películas. Es como si estuviera escalando el Monte Everest cada vez. Cuando bajo de la montaña, entonces me gusta poder disfrutar de algo de tiempo de mi casita en la colina. Pero la real y verdadera razón de porque no quiero hacer tantas películas es porque yo soy un escritor, y siempre tengo que empezar con la pagina en blanco y eso es muy duro. Nada de lo que uno ha hecho anteriormente vale algo cuando uno tiene que empezar todo de nuevo”.

viernes, mayo 23, 2008

El hombre invisible


Paso por perdedor. Doy pena, está claro. Estoy en una discoteca y nadie nota mi presencia, absolutamente nadie. Soy escuálido y uso anteojos poto botella. Visto una camisa blanca onda disco y una chaqueta de cuero negra. Aparte, ostento un bigote de galán porno setentero y me peino con abundante gel. Soy la versión nerd de un narcotraficante colombiano. Conforme a lo que me he fijado, provoco una vergüenza ajena que se olvida al mirar a otra parte. Suena un reggaeton que habla de sexo anal y dos chicas salen a bailar. Todo aquel que se les acerca es rechazado, inapelablemente. Desde mi rincón, las observo y me doy cuenta que una es un bombón. Se ve en sus ojos que aún no entiende el status sociocultural de sus nalgas carnosas. Me dan ganas de sodomizarla, salvaje y tiernamente. En todo caso, la ingenuidad de una sexualidad latente suele ser pasajera. La otra es su contraste. Podría definirla como una pelolais con sobrepeso. Sus pechos por poco alcanzan su ombligo y su panza es prudente. Posee una displicencia inmerecida que me excita y me enfurece: la mezcla perfecta. Baila con el desdén de una top model, claro, pero evidentemente no lo es. El vaivén de su obesidad, con todo, me ocasiona un efecto hipnótico. Tengo que decirlo: su pubis es gigantesco. Luce un pantalón elasticado color beige que lo hace ver extraordinariamente prominente, casi pornográfico. Además, tiene el tronco muy corto; la pelvis está justo debajo del ombligo y acaba con el pantalón internándose en sus labios superiores. Pienso: qué pedazo de coxis. La imagino jadeando; primero gemidos tenues, luego gritos de parto. Me mira y no me ve. O no me quiere ver. O no le importa. Nadie me ve y a nadie le importa. Soy el flaquito de la esquina, el flaquito pervertido. El lobo con piel de oveja. Leo sus labios, dice que va y vuelve, la sigo. Soy el hombre invisible, el que nunca estuvo. Entra al baño, me filtro, le toco el hombro. Voltea y se encuentra conmigo y con mi pañuelito con cloroformo, a tres centímetros. Le aprisiono el cuello y pongo el trapo contra su nariz. Transcurridos tres segundos, se duerme y cae en mis brazos. Los cubículos son espaciosos y esbozo una sonrisita perturbada. ¡Maldita perra exhibicionista! ¡Te la buscaste! Cierro la puerta de una de las casillas, la ubico junto al inodoro, la desnudo. Saco un frasquito con vaselina y con mis dedos índice, medio y anular lubrico su vagina y su recto. Así me gusta: piluchita y calladita. A lo necrófilo. Tomo asiento en el retrete y calzo su vagina sobre mi sexo. Sacudo mi pelvis hacia delante y hacia atrás, miro el ir y venir de sus carnes, estrujo sus glúteos. La veo y pienso: me estoy tirando a un zombi. Sus ojos quieren abrirse, de súbito, y la duermo otra vez. ¡Bendito pañuelito! En seguida la pongo boca abajo y me sitúo por detrás. Su esfínter anal está apretado y aplico más vaselina, un tanto más. Logro yacerla y se pone a sangrar. Un poquito de sangre no le hace mal a nadie, seamos honestos. Cada penetración renueva el temblor de su adiposidad gelatinosa, deliciosamente. Interrumpo el coito y eyaculo en su espalda, por supuesto. De pronto siento nauseas. La atmósfera está espesa, muy espesa. El revoltijo de cloroformo, sangre y semen se cuela por mis fosas nasales y hace dar vueltas a mi cabeza. Mi estómago empieza a retorcerse y a los segundos vomito, ferozmente. A continuación, mis párpados se tornan pesados y me derrumbo en el charco de esperma y regurgitación de su dorso. Despierto y ambos seguimos allí. Milagrosamente, ella aún está anestesiada. Pienso: me salvé. Vomito de nuevo, la limpio lo mejor que puedo, la visto. Echo un vistazo a mi verga: tengo el glande irritado, sangriento y con materia fecal. No me importa. Hay gente en el baño; espero que se vayan y la cambio de cubículo. Ahí la dejo, vestidita y peinadita. Excepto por la abertura de su conducto excretor, todo habrá sido una pesadilla vaga. Vuelvo a la discoteca y nadie me ve, obvio. Todavía soy el hombre invisible. Sigo algo mareado y me tropiezo. Motivo risas, pero mayormente indiferencias. Salgo a la calle y fumo el cigarrillo de la victoria, otro más. Es hora de irme a casa. Boto el bigote en un tacho de basuras, me despeino un poco, guardo los anteojos. En resumen: otra se agrega a mi cuenta de violaciones imperceptibles.

domingo, mayo 18, 2008

Un prólogo


II
Nada hay más ambiguo que eso que se llama realismo en el arte literario. Porque, ¿qué realidad es la de ese realismo?

Verdad es que el llamado realismo, cosa puramente externa, aparencial, cortical y anecdótica, se refiere al arte literario y no al poético o creativo. En un poema -y las mejores novelas son poemas-, en una creación, la realidad no es la del que llaman los críticos realismo. En una creación la realidad es una realidad íntima, creativa y de voluntad. Un poeta no saca sus criaturas -criaturas vivas- por los modos del llamado realismo. Las figuras de los realistas suelen ser maniquíes vestidos, que se mueven por cuerda y que llevan en el pecho un fonógrafo que repite las frases que su Maese Pedro recogió por calles y plazuelas y cafés y apuntó en su cartera.

¿Cuál es la realidad íntima, la realidad real, la realidad eterna, la realidad poética o creativa de un hombre? Sea hombre de carne y hueso o sea de los que llamamos ficción, que es igual. Porque Don Quijote es tan real como Cervantes; Hamlet o Macbeth tanto como Shakespeare, y mi Augusto Pérez tenía acaso sus razones al decirme, como me dijo -véase mi novela (¡y tan novela!) Niebla, páginas 280 a 281- que tal vez no fuese yo sino un pretexto para que su historia y las de otros, incluso la mía misma, lleguen al mundo.

¿Qué es lo más intimo, lo más creativo, lo más real de un hombre?

Aquí tengo que referirme, una vez más, a aquella ingeniosísima teoría de Oliver Wendell Holmes -en su The autocrat of the breakfast table, III- sobre los tres Juanes y los tres Tomases. Y es que nos dice que cuando conversan dos, Juan y Tomás, hay seis en conversación, que son:

Tres Juanes:

1. El Juan real; conocido sólo para su Hacedor. 2. El Juan ideal de Juan; nunca el real, y a menudo muy desemejante de él. 3. El Juan ideal de Tomás; nunca el Juan real ni el Juan de Juan, sino a menudo muy desemejante de ambos.

Tres Tomases:

1. El Tomás real. 2. El Tomás ideal de Tomás. 3. El Tomás ideal de Juan.

Es decir, el que uno es, el que se cree ser y el que le cree otro. Y Oliver Wendell Holmes pasa a disertar sobre el valor de cada uno de ellos.

Pero yo tengo que tomarlo por otro camino que el intelectualista yanqui Wendell Holmes. Y digo que, además del que uno es para Dios -si para Dios es uno alguien- y del que es para los otros y del que se cree ser, hay el que quisiera ser. Y que éste, el que uno quiere ser, es en él, en su seno, el creador, es el real de verdad. Y por el que hayamos querido ser, no por el que hayamos sido, nos salvaremos o perderemos. Dios le premiará o castigará a uno a que sea por toda la eternidad lo que quiso ser.

Ahora que hay quien quiere ser y quien quiere no ser, y lo mismo en hombres reales encarnados en carne y hueso que en hombres reales encarnados en ficción novelesca o nivolesca. Hay héroes del querer no ser, de la noluntad.

Mas antes de pasar más adelante cúmpleme explicar que no es lo mismo querer no ser que no querer ser.

Hay, en efecto, cuatro posiciones, que son dos positivas a) querer ser; b) querer no ser; y dos negativas: c) no querer ser; d) no querer no ser. Como se puede: creer que hay Dios, creer que no hay Dios, no creer que hay Dios, y no creer que no hay Dios. Y ni creer que no hay Dios es lo mismo que no creer que hay Dios, querer no ser es no querer ser. De uno que no quiere ser difícilmente se saca una criatura poética, de novela; pero de uno que quiere no ser, sí. Y el que quiere no ser, no es, ¡claro!, un suicida.

El que quiere no ser lo quiere siendo.

¿Qué? ¿Os parece un lío? Pues si esto os parece un lío y no sois capaces, no ya sólo de comprenderlo, más de sentirlo y de sentirlo apasionada y trágicamente, no llegaréis nunca a crear criaturas reales y, por tanto, no llegaréis a gozar de ninguna novela, ni de la de vuestra vida. Porque sabido es que el que goza de una obra de arte es porque la crea en sí, la re-crea y se recrea con ella. Y por eso Cervantes en el prólogo a sus Novelas ejemplares hablaba de "horas de recreación". Y yo me he recreado con su Licenciado Vidriera, recreándolo en mí al re-crearme. Y el Licenciado Vidriera era yo mismo.


Miguel de Unamuno

Texto completo: Un prólogo

sábado, mayo 03, 2008

Agujero de gusano


A José Vega. Que, aunque el cuento quizá no sea de su agrado, estuvo atento al destino de Tomás Palmer.

Haga click aquí: Agujero de gusano

domingo, abril 13, 2008

Southland tales


Estoy aterrizando, lentamente. El cine se expande como conejo en celo y me pregunto por qué no surgen más Southland tales. Han pasado varios días desde que la vi y aún no aterrizo. Sigo deslumbrado con su resplandor. Con su profundidad insolente. Con su ironía gloriosa. Quiero verla de nuevo. Saborearla hasta hartarme. Ver el director’s cut en el dvd de lujo. Poner pausa y ver los detalles. Leer las novelas gráficas de Richard Kelly. Escuchar el soundtrack una y otra vez. Quizá, tener una figurita de Boxer Santaros y Roland Taverner. Vivir toda la experiencia.

Hablar de Southland tales envuelve ideas mezquinas y palabras que con suerte alcanzan a rozar la cola de su grandeza. El fin del mundo como forma y fondo. El caos como símbolo y contexto. La sabiduría de una estrella porno puesta a disposición del término de los tiempos. Caminos perdidos y encontrados. Personajes en la frontera de lo absurdo y lo real. Imágenes y atmósferas joviales, frescas, modernas, poco refinadas. Crítica social pura. Epifanías. Originalidad. Sarcasmo. Metafísica.

La cinta es una sátira delirante y épica. La ironía está presente en cada escena, cada diálogo, cada personaje. A primera vista puede parecer desacertado que el filme sea protagonizado por Dwayne Johnson, Sean William Scott y Sarah Michelle Gellar, sin mencionar a Justin Timberlake, Mandy Moore, Jon Lovitz, varios ex Saturday night live y otros tantos actorcillos menores, sin embargo, eso es parte de la gran sátira. Si Richard Kelly fuera chileno de seguro tendría algún papel Che copete y Daniel Vilches. La película tiene un tono, un son, una voz, y la tropa de actores congregados por Kelly calzan en ella como anillo al dedo.

Richard Kelly está algo obsesionado con el fin del mundo y los viajes en el tiempo, Darko y Southland son la prueba fehaciente. Con todo, Kelly no aborda el Apocalipsis al estilo El día después de mañana, sino que con visión, con personalidad, con inteligencia, con ingenio, con espiritualidad, con sensibilidad. No es el fin del mundo por el fin del mundo, sino que es el reflejo de un estado de cosas, tanto en lo colectivo como en lo individual. No por nada se puso escribir Southland tales después del 11 de septiembre del 2001.

Sin exagerar, las dos horas quince se me hicieron cortas. Necesito ver la versión de tres horas, esa que mostraron en Cannes y que los productores obligaron a quitar al menos cuarenta minutos. Southland tales tiene peso, importancia, estilo. Eso no se encuentra a la vuelta de la esquina. Cómo no gustarme una trama espectacular que involucra teletransportación cuántica, religión, calentura adolescente, terrorismo, estrellas porno, profecías y el fin de los tiempos, escuchando de fondo a Radiohead, Blur, Moby, Pixies. Sería un insensato.

Tal como sucedió con Donnie Darko, Southland tales será de culto. Esta cinta no tiene las características de un éxito de taquilla, quien guste de ella querrá investigarla, verla otra vez, analizarla, conversarla, saber más. Hacerse parte del fenómeno. Y no todo el mundo acepta los embates al tradicionalismo. En el festival de Cannes fue abucheada sin compasión. Incluso que se ha dicho que es un bodrio infumable. Ah, qué pena, habrá que perdonarlos.

Nota: La película está complementada por tres novelas gráficas, recopiladas en una: Southland Tales, The prequel saga. En total son 6 capítulos: Two Roads Diverge, Fingerprints, Mechanicals, Temptation Waits, Memory Gospel y Wave of Mutilation. Los tres primeros están en las novelas gráficas (o comics) y los tres restantes son parte de la película. Leer los comics sólo completa el círculo, dicho de otra forma: si no los lees no tendrás problemas en entender el filme. Si les interesa, les dejo los links para bajarlos.

sábado, marzo 22, 2008

La grandeza de Lost


Hablemos, usted y yo. Hablemos de Lost. Veo el tercer capítulo de la cuarta temporada y pienso que Lost es indispensable. Lo he pensado muchas veces. Muchas. Es una serie inspiradora, estimulante, excitante. Y épica, en todo sentido. Lost habla de vidas, de búsquedas, de significados. Y la isla es el espectacular contexto y metáfora. Lost es un meta-relato delirante que toca el cielo. Y les diré por qué. El cine y la literatura tocan innumerables tópicos y de incontables formas, siempre con una característica en común: hablar de personas. Si revisamos los grandes hitos del cine y la literatura, veremos que casi todos son cintas o textos de personajes que sostienen tramas más que de tramas que sostienen personajes, ¿por qué?: porque no existe nada más grandioso que el propio individuo y sus misterios. Por eso Lost es de otro mundo, inserta historias de personas vulnerables en busca de un “algo” en una isla donde emprenden una búsqueda análoga. Es decir, mezcla una gran trama con grandes personajes que determinan sus propias tramas. Retroalimentándose. Dicho de otro modo, Lost toca temas trascendentales en un escenario más trascendental aún. ¿Es eso posible? Esta serie nos dice que sí. Lost habla de caminos perdidos, de esperanza, de fe. Y lo hace con una grandeza homérica. La isla es el significado de los significados, la búsqueda de las búsquedas, el sentido de los sentidos. Un jardín del edén maldito. Un paraíso dado de baja. Una nave extraterrestre mal estacionada. Ver Lost es ser parte de un estado de sublime y vertiginosa genialidad. Un botón que debe ser presionado cada 108 minutos o el mundo acabará. Osos polares. Filosofía. Ruinas de un pie gigante de cuatro dedos. Física. Instituciones ocultas. Religión. Una isla con capacidades curativas. Simbolismos. Y, sobre todo, vidas. Vidas que muestran psicologías, conductas, roles. Todo amante del cine y la literatura debiera ver esta serie. Lost es la concreción de una idea incoherente e inalcanzable. Una obra maestra que toca el cielo, señores. Y tal vez un poco más allá.

domingo, marzo 09, 2008

Lo último de David Fincher



Dos adaptaciones son lo nuevo de David Fincher: The curious case of Benjamin Button y Cita con rama. La primera la protagoniza Brad Pitt y se estrena a mediados de año en Estados Unidos; el relato de F. Scott Fitzgerald cuenta la historia de un hombre que empieza a rejuvenecer cuando cumple 50 años. Largo tiempo se buscó un cineasta apropiado para llevarlo al celuloide, Darren Aronofsky sonó fuerte, finalmente cayó en manos de Fincher. La segunda es una novela de ciencia ficción de Arthur C. Clarke; será protagonizada por Morgan Freeman y se estrenará el 2009.

jueves, febrero 28, 2008

Francis Ford Coppola vino a Chile y nadie supo


A fines de enero, el afamado cineasta estadounidense Francis Ford Coppola vino a darse una vuelta por Chile y acabo de enterarme. Véalo aquí.

martes, febrero 26, 2008

Oscars 2008


Salvo los tres Oscars técnicos para The bourne ultimatum y el Oscar de mejores efectos visuales a The golden compass, no hubo sorpresas. Los Coen con sus 4 Oscars fueron los triunfadores de la noche. Era el momento de honrarlos. No country for old man es una gran película, no creo que la mejor de su filmografía, pero sí la más Oscar. Tiene la fuerza y el tradicionalismo dignos del premio. Entonces, tal como ocurrió con Martin Scorsese el año pasado, era la instancia de reconocerles a los Coen su brillante carrera. Lo mismo debiera suceder con otros tantos, David Cronenberg por ejemplo, quienes al hacer un cine distinto no son considerados por la academia. Y es que el Oscar no es un premio importante, pero sí prestigioso y popular. Se dijo que fue una ceremonia poco atractiva. El hecho de que Paul Thomas Anderson y los Coen fueren los grandes competidores me bastó. Un año ganó como mejor película Una mente brillante, eso si que es olvidable.

Aquí va la lista de ganadores:

Mejor Película: “No Country for Old Men” de Ethan y Joel Coen.
Mejor Actor Principal: Daniel Day-Lewis en “There Will Be Blood”.
Mejor actor Secundario: Javier Bardem en “No Country for Old Men”.
Mejor Actriz Principal: Marion Cotillard en “La Vie en Rose”.
Mejor Actriz secundaria: Tilda Swinton en “Michael Clayton”.
Mejor Director: Joel Coen y Ethan Coen por “No Country for Old Men”.
Mejor Película animada: “Ratatouille”.
Mejor Dirección artística: Dante Ferretti y Francesca Lo Schiavo, por “Sweeney Todd”.
Mejor Fotografía: Robert Elswit por “There Will Be Blood”.
Mejor Vestuario: Alexandra Byrne por “Elizabeth: The Golden Age”
Mejor Documental: “Taxi to the Dark Side” de Alex Gibney y Eva Orner
Mejor Corto documental: “Freeheld” de Cynthia Wade and Vanessa Roth.
Mejor Edición: Christopher Rouse por “The Bourne Ultimatum”.
Mejor Película extranjera: “Die Fälscher” (Austria).
Mejor Maquillaje: Didier Lavergne y Jan Archibald por “La Vie en Rose”.
Mejor Banda sonora: Dario Marianelli por “Atonement”.
Mejor Canción: “Falling Slowly” de la película “Once”, por Glen Hansard y Marketa Irglova.
Mejor Corto animado: “Peter & the Wolf” de Suzie Templeton y Hugh Welchman
Mejor Corto: “Le Mozart des Pickpockets” de Philippe Pollet-Villard.
Mejor Edición de sonido: Karen Baker Landers y Per Hallberg por “The Bourne Ultimatum”.
Mejor Sonido: Scott Millan, David Parker y Kirk Francis por “The Bourne Ultimatum”.
Mejores Efectos visuales: Michael Fink, Bill Westenhofer, Ben Morris y Trevor Wood por “The Golden Compass”.
Mejor Guión adaptado: Joel y Ethan Coen por “No Country for Old Men”.
Mejor Guión original: Diablo Cody por “Juno”.

jueves, febrero 21, 2008

Sin lugar para los débiles


Los hermanos Coen son los reyes del cine negro, lo demostraron desde su primer filme: Simple blood. Su particular estética y su brutal humor son su sello. Fargo y El gran Lebowski son clásicos de nuestro tiempo. Sus últimas películas no estuvieron a la altura de las expectativas, El amor cuesta caro fue una total decepción para los fanáticos. Sin lugar para los débiles los reivindica.

La novela de Cormac MacCarthy No country for old man correspondía ser adaptada por los Coen, el espíritu del texto calza a la perfección con la visión conservada por los cineastas hermanos. La atmósfera Texana. El asesino impasible. El sheriff honorable. El héroe campirano. Las muertes por doquier. Y la maleta llena de dinero. Basta mencionar esos elementos para pensar en los Coen.

La cinta relata con fineza y potencia la historia de un hombre que halla un maletín con dos millones de dolares. A partir de esa premisa nos topamos con un cúmulo de personajes, los cuales participan en el hecho desde distintas perspectivas -vaquero, asesino, alguacil-. Así, la gran virtud narrativa de la película es que avanza sustituyendo enfoques y sin detener la acción.

Tras este relato eficiente y prolijo, se nos habla del mal, de sus caras y del mundo en que vivimos. Javier Bardem -el asesino- personifica la encarnación de las peores capacidades del ser humano; el vaquero, la desidia y una suerte de coraje mal entendido; y el alguacil, un honor y decencia perdidos.

El oficio de los Coen se manifiesta, en el todo, en un montaje coherente con la intensidad dramática del filme. Y en lo particular, en escenas filmadas con maestría y belleza, donde el manejo del suspenso está en una categoría superior al promedio.

Sin lugar para los débiles es una cinta de tono pausado y contemplativo, a ratos energética y estremecedora, que hace preguntas al espectador. Una ambigüedad moral la alimenta. Un asesino sin alma que comete atrocidades repulsivas, un vaquero que no sabe lo que hace y un alguacil que añora los tiempos en que no era necesario cargar armas. ¿Qué se nos quiere decir?

De lo mejor de la filmografía de los Coen. Un peliculón.

miércoles, febrero 20, 2008

La piscina


La piscina es la segunda película que veo del interesante cineasta francés Francois Ozon, la primera fue 5 × 2: Vida en pareja. Recuerdo que en aquella disfruté del realismo brutal con que se retrata la psicología humana en las relaciones amorosas. La encontré brillante. Sin embargo, es con el cautivante misticismo erótico de La piscina con el que logré apreciar realmente la fineza y visión artística del cine de Ozon.

La piscina es un thriller de misterio bastante inusual. La escritora y la hija de su editor -protagonistas de la cinta- determinan la trama con el peso dramático de sus personajes, no siendo éstos meros instrumentos de la narración. De ahí que en un comienzo pareciere ser un filme de frustraciones, de deseos, de sensaciones; donde las imágenes son radiografías de los protagonistas y el diálogo es escaso. Pero la cinta avanza, tiñéndose paulatinamente de un aire enigmático y seductor que va de la mano de acciones que tornan el curso del relato en forma perturbadora.

La mezcla de misterio y sensualidad que nos presenta el filme lo hacen fascinante. Y la piscina en torno a la cual ocurren los hechos no es más que el escenario y la metáfora perfecta del fondo de la película: hablar un poco más del género humano y sus facetas.