sábado, enero 24, 2009

Entrevista a David Fincher (a propósito de "The curious case of Benjamin Button")


Pregunta. ¿Existe un estilo David Fincher?

Respuesta. Lo que te da un estilo, lo que te hace reconocible, es tu forma de resolver los problemas. Quizá a mí se me reconozca porque apago más luces que nadie y me gusta trabajar con amigos todo lo que puedo.

P. Como Brad Pitt, por tercera vez después de Seven y de El club de la lucha.

R. Es uno de mis mejores amigos. Pensamos de una forma parecida y lo mismo ocurre en el trabajo. Como director soy de los que apoyo a los actores para que puedan arriesgarlo todo y Brad sabe aprovechar la oportunidad. Siempre me pedirá más y yo le presiono para que acepte papeles donde tiene que utilizar maquillaje durante seis horas.

P. Maquillaje y efectos digitales de Digital Domain para interpretar al mismo personaje a lo largo de su vida.

R. Al final nos quedamos sin dinero y tuve que contratar niños para lo que le quedaba de vida, pero Brad fue Benjamin durante unos 80 años en esta historia. Ese era uno de los escollos que le veía al guión, que no me la imaginaba interpretada por cinco actores diferentes. Por eso dudé antes de hacerla. Incluso manteniendo a Brad durante toda la película tenía que cuidar mucho su fisonomía. Utilicé técnicas de captura de movimiento para su rostro, algo muy empleado en anuncios o con los especialistas de acción pero que aquí es algo más. No fue Brad Pitt, no son imágenes generadas por ordenador, es Benjamin Button.

P. ¿En quién pensó a la hora de envejecer el rostro más bello de Hollywood?

R. En los cuadros de Andrew Wyeth, en esos rostros expuestos a los elementos. También tomé como referencia fotos de Paul Newman de joven y en sus últimos años. O el rostro de Robert Redford.

P. ¿Consideró la posibilidad de contratar a un desconocido para esta transformación?

R. Lo pensé pero narro la historia de un pez fuera del agua y a su estilo Brad lo es. Nadie tiene esa imagen de él, le ven más como el hombre que lo tiene todo sin pensar que esa misma fama le convierte en un friki. Además valoré la afinidad del público con su rostro. Es imposible dar dos pasos en el mundo civilizado sin ver una foto suya. Esa afinidad permitirá al espectador identificarle durante toda la evolución del personaje y como dice Cate Blanchett en un momento del filme, es la imagen de la perfección.

P. El guión estuvo rondando su despacho desde 1991.

R. La primera vez que lo leí no era el mismo proyecto, lo consideré imposible de realizar y además lo iba a dirigir Steven Spielberg. Era su problema. Luego pasó a mi amigo Spike Jonze pero hubo cambios de guión que a él no le gustaron. Fue entonces cuando Eric Roth me buscó con un guión que parecía una guía telefónica, 240 páginas, pero que contenía elementos que me interesaban. Eso fue en 2001 y al año siguiente empezamos a hacer pruebas para ver si la película era posible dentro de un coste razonable. Al final fue como jugársela a los dados para demostrar que era posible.

P. Tras 122 millones de euros, diez meses de preproducción activa, unos nueve de rodaje y 19 de postproducción además del paso del huracán Katrina por Luisiana donde rodó la película, Benjamin Button es una realidad y un claro candidato al Oscar.

R. Como siempre que acabo una película. Lo mejor de hacer cine es terminar. Aunque también es un hecho que las películas nunca se acaban únicamente se abandonan.

P. ¿Cuáles fueron los elementos que tanto le gustaron del guión de Roth?

R. Que habla de la historia de una vida. Habla de la muerte. ¡Lo que se dice un best seller en Hollywood! Benjamin Button habla de dos vidas que se cruzan, y en ese cruce se aman con toda la intensidad, pero luego sus vidas continúan. Así es la vida.


Fuente: El país.

sábado, enero 10, 2009

Las 10 mejores películas estrenadas en Chile el 2008

10. El fin de los tiempos. Amada y detestada. El manejo del suspenso y el clima es sobresaliente, hay que admitirlo.


9. Los falsificadores. El holocausto como telón de fondo de la redención. Bien interpretada, potente, correcta.


8. Batman: el caballero de la noche. Sobrevalorada, pero digna al fin y al cabo. El guión está impecable.


7. Hellboy 2: el ejército dorado. Guillermo del Toro en su esplendor. Ostentosa, minuciosa, imaginativa. El cómic estalla en su atmósfera.


6. Wall-E. Pixar lo hizo de nuevo. Entrañable, conmovedora, noble. Un deleite.


5. Sin lugar para los débiles. Los Coen armonizan sus elementos estilísticos y temáticos en una pieza sobria que destaca por sus actuaciones y su transversalidad.


4. La niebla. La mejor película de terror del año, lejos. Comprobado: la mezcla de Frank Darabont y Stephen King siempre trae buenos resultados.


3. 4 meses, 3 semanas y 2 días. Una cinta desgarradora y dolorosa con contenido social, austeridad visual-narrativa y precisión emocional.


2. Promesas del este. Otro tinte de elegancia, perversión e intriga del maestro David Cronenberg.


1. Petróleo sangriento. Un filme simplemente brillante cuya importancia, poesía y belleza épica trascenderá.



Nota: Si la lista incluyera las mejores películas que vi el 2008 (no necesariamente estrenadas en Chile el 2008) de seguro estarían las siguientes: Edmond, Los cronocrímenes, Brick, Tiempo de vivir y Southland tales.

lunes, noviembre 17, 2008

La atracción del vacío


A.H. Creo que las debilidades de Strangers on a train residen en la carencia de fuerza de los dos actores principales y en la imperfección del guión final. Si el diálogo hubiera sido mejor hubiéramos tenido una caracterización más lograda de los personajes. El gran problema de este tipo de películas es que los personajes principales tienen tendencia a convertirse en simples figuras.

F.T. ¿Figuras algebraicas? Es el dilema de todos los films y con el que se enfrentan todos los cineastas: una situación fuerte con personajes congelados, o por el contrario, unos personajes sutiles con una situación débil. Creí que usted hacía siempre películas de situaciones fuertes y Strangers on a train se asemeja decididamente a un gráfico. A ese nivel la estilización resulta embriagadora para el ojo y el espíritu y fascina incluso a la gran masa del público.

A.H. A menudo me he preguntado a mí mismo por qué no consigo interesarme en una simple historia de conflictos humanos cotidianos. Tal vez la respuesta sea que me parecen que no tienen el suficiente interés visual.

F.T. Seguramente. Podría decirse que el material de sus películas está sacado de tres elementos: la angustia, el sexo y la muerte. Estas no son preocupaciones al día como pueden hallarse en los films que tratan del desempleo, el racismo, la miseria, o también en los films que tratan de problemas cotidianos de amor entre hombres y mujeres, sino que son preocupaciones metafísicas.

A.H. ¿No es lo esencial que estén cerca de la vida? Hay otra cosa, sabe, y es que no soy un escritor. Quizás fuera capaz de escribir todo un guión yo mismo, pero como soy demasiado perezoso o mi espíritu es muy disperso, resulta que llamo a otros escritores para que colaboren conmigo. Sin embargo, supongo que mis films de clima y de suspense son realmente mis creaciones en tanto que escritor y, además, tengo la certeza de no poder hacer con éxito un film escrito completamente por otro. Ya le he explicado hasta qué punto sufrí con Juno and the Peacock, cuál era mi sensación de impotencia al no poder hacer nada con esta historia. La miraba, la examinaba, era una obra en sí, de Sean O’Casey, y todo lo que yo tenía que hacer era filmar a unos actores. Tomar el guión de alguien y fotografiarlo a mi manera no me basta. Me siento obligado a tratar por mí mismo el tema, para bien o para mal. Sin embargo, debo tener cuidado de no encontrarme escaso de ideas, pues como todo artista que pinta o escribe, estoy limitado a un cierto terreno. No quiero compararme con él, pero el viejo Rouault se contentó con pintar payasos, algunas mujeres, el Cristo en la cruz, y esto constituyó la obra de toda su vida.
Cézanne se contentó con algunas naturalezas muertas y con algunas escenas de bosque, pero ¿cómo puede un cineasta empeñarse en pintar el mismo cuadro?
Sin embargo, siento que me queda mucho por hacer y actualmente intento corregir la gran debilidad de mi trabajo, que reside en la falta de espesor de los personajes en el interior del suspense. Esto me resulta muy difícil, pues cuando trabajo con personajes que tienen una gran densidad psicológica, me llevan en la dirección en que ellos quieren ir. Entonces me comporto como la viejecita que los “boy-scouts” intentan obligar a atravesar la calle: no quiero obedecer. Y esto ha sido siempre la fuente de una serie de conflictos interiores, porque exijo ciertos efectos. Me siento atraído por el deseo de situar en mis películas escenas de intriga como la que le describí a propósito de la cadena de montaje de la fábrica Ford.
En la actualidad, a todo esto lo llamaría una forma de escritura bastarda, una manera invertida de llegar a un resultado. Cuando partí con la idea de North by Northwest, que no está basada en una novela, cuando se me ocurrió la idea de la película, la vi completa y no un lugar o una escena particulares, sino una dirección continúa del principio al final; y, sin embargo, no sabía en absoluto de qué trataba el film.

F.T. Creo, señor Hitchcock, que su manera de actuar es antiliteraria, estricta y exclusivamente cinematográfica y… que usted padece la atracción del vacío. La sala de cine está vacía, quiere llenarla, la pantalla está vacía, quiere usted llenarla. No parte del contenido sino del continente. Para usted, una película es un recipiente que hay que llenar de ideas cinematográficas o, como dice frecuentemente, “cargar de emoción”.


Nota: Mientras buscaba la foto de este post me encontré con una página que recomiendo acaloradamente, por lo menos para tenerla en cuenta. Allí están en mp3 las conversaciones entre Truffaut y Hitchcock. Haga click aquí

domingo, noviembre 16, 2008

Hoja suelta


Hace tiempo que no publico un post y me da lata. He andado en otra y, por ende, poco lúcido en lo que a escritura respecta. Esto es un ínfimo fragmento de un cuento lleno de ideas que empecé hace un tiempo, claro que tiene pa’ rato. Le tengo fe eso sí. Si bien no suelo mostrar cosas incompletas, la inactividad del blog lo amerita.


Octubre 11, 2014.

Cuando me deprimo me da diarrea. He llegado a evacuar más de dos litros de heces líquidas en un día. Normalmente, de tanto defecar se me irrita el ano y me da una picazón insoportable. Gran parte de esta semana la he pasado en el baño: ha sido espantoso. Me rasqué tanto que me herí el recto. Esta vez ha sido peor que las anteriores, mucho peor. Desde el lunes que siento un nudo en la garganta y una angustia devastadora comprime mi pecho. Además, me dio una especie de taquicardia y mis ojos con frecuencia quieren llorar. He pasado estos días transitando desde mi cama al excusado y viceversa. A ratos exploto y lloriqueo por horas. Soy un estropajo. Hace seis días que no me baño ni salgo de mi casa. Lo único que hago es excretar, permanecer en mi cama en posición fetal y, una vez al día, ir a la cocina y embutirme lo que sea: latas de atún, pan duro con mayonesa o manzanas. Mi estado anímico yace en el suelo, aplastado por un derrumbe de congoja. Desearía tener acceso a psicotrópicos y envolverme en pastillas; lástima que no tenga trato con narcotraficantes ni farmacéuticos, aunque si lo tuviera no sé si tenga la energía suficiente para salir de mi domicilio en su búsqueda. Cada día que pasa me levanto menos: perdí el ímpetu. Tal vez estoy sufriendo del colapso de una sensibilidad exacerbada que derivó en depresión, en realidad no sé. Hay algo en el género humano que me hace desagradar particularmente y de vez en cuando saturar, no sé bien qué es, quizá sea su deliberado y campante estado de ignorancia o a lo mejor su minúscula percepción del mundo. El inalcanzable misterio que nos circunda me abruma y cada cierto tiempo me dan crisis de melancolía, pero esto ha ido más allá.

viernes, octubre 10, 2008

Las palabras en el cine


Noviembre 7, 1951

…¿Me pregunta usted cómo se puede sobrevivir a Hollywood?

Es cierto que si uno es un escritor, la mayor parte del trabajo se ve desperdiciada.

Un escritor que sea verdaderamente creador debe hacerse director, lo cual significa que, además de creador, debe ser física y moralmente duro. De lo contrario, para el tiempo en que haya sido lo suficientemente vapuleado como para haber aprendido a escribir un guión que pueda ser filmado, es decir al modo de la cámara y no simplemente de la literatura, habrá perdido probablemente todo su ímpetu.

Si se va a Hollywood nada más que a hacer plata, hay que reconocerlo con el más absoluto cinismo, sin que a uno le importe demasiado lo que haga. Y si uno cree realmente en el arte del cine, es una tarea a largo plazo y hay que olvidarse de escribir otra cosa. Preocuparse de las palabras por las palabras mismas resulta fatal para el buen cine. No son el objetivo del cine. No es la pasión de mi vida, pero podría haberla sido si hubiera empezado veinte años atrás. Pero veinte años atrás nunca hubiera podido llegar allí, y esto es válido para mucha otra gente. A uno no lo quieren hasta que se haya hecho un nombre, y para cuando uno se ha hecho un nombre, ha desarrollado un tipo de talento que ellos no pueden usar. Todo lo que harán es arruinarlo, si uno los deja. Las mejores escenas que escribí en mi vida eran prácticamente monosilábicas. Y la mejor escena corta que escribí, según mi opinión personal, es una en que una muchacha dice “iuju” tres veces con tres entonaciones distintas, y nada más que eso.

Raymond Chandler.

domingo, septiembre 28, 2008

Francois Ozon: 8 mujeres y Tiempo de vivir


Francois Ozon se ha convertido en uno de mis cineastas predilectos. Su increíble versatilidad, su alborotadora sexualidad, su provocadora crudeza y su insondable sensibilidad, convierten a cada uno de sus filmes en obras fascinantes e indispensables. A corta edad se abrió paso en la labor cinematográfica y se le agrupó dentro de los llamados enfants terribles del cine francés. Su desparpajo, preciosismo, pulcritud y brutal realismo rozan una perfección narrativa y estilística. Ha alcanzado el cielo cinéfilo con obras de gran envergadura dramática y trascendencia psicológica (Vida en pareja, Bajo la arena, Tiempo de vivir) y, también, ha derrochado belleza en géneros más alternativos y menos pretenciosos (Sitcom, La piscina, 8 mujeres). Aquella ductilidad es el reflejo de su profunda mirada y sentido artístico. En sus películas, el sexo se desenvuelve como revestimiento estético y motor fundamental, tanto de los personajes como de las atmósferas. Otras de sus constantes son la elegancia, la seducción, la latente poesía, la belleza y la purulencia. El cine de Ozon embelesa, estremece, repugna, conmueve, hipnotiza. Dicho de otra forma, sus filmes sublimemente constituyen cine.

8 mujeres: suntuosa, chic, juguetona, teatral. Un deleite policíaco. Un asesinato y 8 sospechosas. Ozon toma la premisa clásica del género policial y la decora a su antojo, vale decir, inunda la pantalla de color, hermosura, erotismo, delicadeza y lírica. Si bien la intriga se extiende durante toda la cinta, el desarrollo también está cargado de revelaciones, morbo, comedia, enredos y actuaciones de nivel superlativo. Catherine Deneuve, Fanny Ardant, Emmanuelle Béart, Virginie Ledoyen, entre otras féminas fatales de la escena francesa, se lucen en una cinta hecha para su ostentación. El desenlace sólo es la deliciosa guinda de la exquisita torta. El filme nos presenta a 8 mujeres aisladas en un refinado y multicolor caserón en la nieve y, armoniosamente, nos cuenta sus secretos a medida que se resuelve el fatal crimen cometido contra el único hombre de la casa. Junto a un sofisticado y crítico humor, la cinta ofrece un festín de femineidad en sus diversas facetas: gracia, ternura, sensualidad, frescura, clase, lubricidad, rencor, envidia. Y a intervalos, además, nos brinda finos cortes musicales cantados y bailados por las actrices. 8 mujeres logra momentos de gran virtuosismo e intensidad dramática, pero por sobretodo es una exquisitez que busca agasajar el paladar del espectador. Una delicia, un placer, un encanto, un postre. Y al mismo tiempo un filme policial dotado de todas las piezas para hacerlo perfecto.

Tiempo de vivir: Un joven gay en su esplendor profesional es sentenciado a morir en tres meses debido a un cáncer terminal. La idea es tan común como la de cualquier cinta que pillemos en el cable, sin embargo, hay una diferencia radical: la forma. La homosexualidad es humanizada con escenas de un realismo desinhibido y franco, y el proceso de aceptación del protagonista carece por completo del lloriqueo y la sensiblería facilista a la que nos tiene acostumbrados el cine comercial. Al contrario, la película goza de una austeridad y belleza generadora de un estremecimiento interno, desgarrador, angustioso, mucho más incómodo que la lágrima barata y fácil. Una poesía hermosa y terrible emana del relato, más aún en ese catártico final. Tiempo de vivir canaliza las mejores características de Ozon y se transforma en una cinta importante, trascendente, digna de revisar cada cierto tiempo. El desenlace del filme es sólo el comienzo; el comienzo de la intranquilidad, la reflexión y la perturbación. Cuesta sacar la película de la cabeza. Conmueve de una manera indirecta, inconciente, laboriosa. El recorrido del protagonista no es el tradicional, sino que vive su duelo de manera egoísta, íntima, incorrecta. No intenta enmendar sus errores ni disfrutar sus últimos días, únicamente busca, creo, una suerte de paz. El enfoque despiadado y sexual de Ozon reviste a la cinta de un manto realista e hiperrealista que resulta repulsivo y fascinante, tal como lo es la vida misma. Tiempo de vivir es un filme de tal belleza y grandeza que verlo es un imperativo cinéfilo. Es un peso pesado, por decirlo así.

miércoles, septiembre 10, 2008

El misterio del hombre del maletín*


PRIMERA PARTE.

I.
Soy noctámbulo, no recuerdo desde cuándo. Me acuesto cerca de las 8 y despierto casi a las 13 horas. Durante mucho tiempo no le trabajé un peso a nadie, más del que hubiese querido. Bebía, veía televisión, divagaba. Desde la muerte de mi padre, nadie se atrevía a formularme regaño alguno. Hasta que colapsé. Pasé un mes, tal vez dos, tumbado en mi cama. Nadie acudió. Una tarde, instintivamente, me levanté. Compré el diario y ojeé la sección de empleos. Un conciso anuncio llamó mi atención: se requiere recepcionista en horario nocturno para motel. La frase remataba con un número telefónico. El universo me volvía a sonreír.

II.
Corría el tercer mes de trabajo. El motel se llamaba “La novia fugitiva” y se encontraba en una calle a trasmano. Digamos que absorbía a un sector socioeconómico medio-bajo. No había camas en forma de corazón, espejos en el techo, jacuzzi, televisión con programación especial ni servicio de restaurante. Y si había iluminación a medias, no era precisamente por una razón estética. Las unidades elementales de la actividad motelera, sin embargo, estaban: la pieza, el catre y el baño.



* Este cuento obtuvo una mención honrosa en la séptima versión del Concurso literario "Mi vida y mi trabajo" del año 2008.

jueves, septiembre 04, 2008

¡Agregué a Locke, Linus y Desmond a msn!



sábado, agosto 16, 2008

Brick y Funny ha ha

Brick y Funny ha ha. Qué deleite. Oxigenemos la atmósfera saturada que impuso la sobrevalorada Batman: the dark knight y hablemos de otra cosa.



Partamos por Brick, una película de detectives instalada en una secundaria californiana. El prototipo del investigador privado de impermeable y sombrero está desarrollado, aquí, por un simple estudiante. El villano y sus secuaces, también. En pocas palabras, los elementos clásicos del film noir o cine negro de detectives se canalizan en una cinta de adolescentes colegiales. Los componentes del género policial se tiñen de la atmósfera escolar gringa: la femme fatal, el informante secreto, las clásicas cabinas telefónicas, el misterioso crimen, la intriga. La ironía presente en el filme es innegable, sin embargo, la cinta es mucho más que eso. La fachada sarcástica que exhibe este submundo cuyo centro de operaciones es el sótano de la casa de la madre del líder de la mafia secundaria, es sólo una superficie. Indiscutiblemente, la originalidad y singularidad de la película es digna de exploración. Brick es sórdida, inteligente, realista. Plantea truculentos desengaños, traiciones y dilemas morales en clave detectivesca. El otrora candoroso Joseph Gordon-levitt, últimamente, pareciera ser sinónimo de buen cine. De prostituto gay en Mysterious skin pasa a interpretar al tradicional investigador privado con tintes de antihéroe: perspicaz, valiente, inteligente. Y por supuesto: golpeado, humillado, enfermo. Por lo demás, la imagen de la cinta es notablemente atractiva. Por una parte, emplaza texturas y escenarios noir en sitios cotidianos, evocando en ciertas escenas a la seducción y misticismo del cine de David Lynch. Y, por otra parte, recurre a prodigiosas secuencias, planos y movimientos de cámara propios de la frescura del más puro cine independiente. Las escenas de peleas son ejemplos evidentes de la innovación visual. Desde Memento que no aparecía una cinta policial tan astuta. Brick es una bofetada de ingenio y desfachatez que reivindica al género policial y se sitúa al nivel de pieza de culto.




Sigamos con Funny haha. La cinematografía gringa nos ha impuesto estructuras narrativas que, por lo general, son de intensidad dramática ascendente y ritmo expedito. Y nos hemos acostumbrado a aquello. Pero no hay que olvidar algo: el cine es un lenguaje, y como tal es capaz de plantear particulares formas de comunicación. Funny ha ha desafía a los cánones vigentes y consigue un resultado interesante. La cinta rechaza la grandilocuencia que implica una banda sonora, el trabajo de diálogos y una historia urdida, para brindarnos simples acciones dotadas de una excepcional naturalidad. Su esqueleto argumental es muy sencillo: cuatro o cinco situaciones en base a las cuales la película se sostiene. La gracia del filme radica en la forma. Un aire de documental la envuelve. La cámara, más que filmar, se entromete en los sucesos. Un brutal realismo es la consecuencia de ese bien ejecutado minimalismo. Los actores no parecen ser actores y la película no parece ser película. Pero lo es. Los parlamentos son tan triviales pero honestos, y las escenas tan corrientes pero espontáneas, que pareciera estar presenciando hechos reales. El filme se centra en la vida de una delgada protagonista y su entorno post adolescente, y nos habla de la incertidumbre, angustia e indefinición propias de los veintitantos. La franqueza, perspicacia y llaneza de la cinta es absolutamente admirable. Funny ha ha hace frente al relato tradicional y recurriendo a una narración pulcra, deliberadamente precaria, fiel a sí misma e irregular, exhibe una historia atractiva, sincera, efectiva y desinteresada y, de paso, nos hace pensar en las inexploradas estructuras argumentales que el cine puede utilizar. Definitivamente, no es una película para todo el mundo.

viernes, agosto 08, 2008

Perdidos en Bangkok


I.
Íbamos en un ascensor. Éramos Mónica Bellucci y yo. Un hombre común y una mujer inalcanzable unidos en una circunstancia. Nos dirigíamos a fornicar. Estábamos en el Lebua at State tower, un lujoso hotel de Bangkok. Nos conocimos en la sexagésima tercera planta, en el Sirocco, el sky bar más alto del mundo. La distinguí y no la perdí de vista. Ella miraba la fabulosa y resplandeciente ciudad y yo bebía un whisky. Éramos los únicos rostros occidentales. Atravesé la pista de baile y me situé a su lado. Dije: Thailand is a mixture of modernity and tradition, you know. Oí resonar las palabras en mi cabeza y me sentí como un guía turístico. Mónica sonrió. Créanme, fue extraordinario. Eso bastaba. Si arruinaba el diálogo, conservaría esa sonrisa.

- Where are you from? - dijo.
- Chile.
- Chile?
- Salas, Zamorano, Pinochet, Neruda…
- ¡Ah! Chile.

Un chilenito promedio y la actriz italiana más sensual del mundo. A eso le llamo estar en el lugar justo en el momento preciso. El idílico escenario y el alcohol afirmaban mi peso existencial. En otras circunstancias, a su lado me hubiese sentido como un insecto. Le pregunté qué hacía en Tailandia y me explicó que rodaba una película. Hizo lo propio y le revelé que me daba las vacaciones de mi vida. Entretanto, le extendí una cajetilla de Lucky strike Light con un cigarrillo sobresalido y le ofrecí fuego; luego encendí uno para mí. Mi maniobra fue fluida y me sentí orgulloso. Cada uno de sus gestos y movimientos eran un acto de una belleza sublime. Hablamos y bebimos durante casi una hora. Entonces ocurrió un milagro.

- Do you want to come to my suite and have sex with me? - me dijo.
- Are you kidding me?
- No.

Hubo un silencio de siete segundos, en seguida respondí.

- Yes, i will fuck you.

II.
El ascensor se detuvo en la vigésima quinta planta. Caminamos en silencio hasta llegar a la habitación 28 e ingresamos. Me hizo pasar al balcón, luego dijo que volvía en un segundo y me dejó solo. La vista era maravillosa, el río Chao Phraya y la modernidad en su máxima expresión creaban un cuadro majestuoso. Mónica volvió con dos whiskys y dos pastillas. Puso una en su boca y otra en la mía, después me instó a digerirla con un prolongado sorbo. Estaba entregado, como un rehén. Conversamos cosas que no recuerdo y acabamos nuestros vasos. El beso fue arrebatado y a quemarropa. Nuestras lenguas tuvieron sexo. Ambos sudábamos y jadeábamos y palpábamos y ansiábamos. Nuestra acompañante, la gloriosa panorámica nocturna, se reía de nuestra fragilidad y finitud.

Cerré los ojos. Los abrí y estábamos en su cama. En una de las paredes de la alcoba lucía un enorme plasma que exhibía el video clip tear us apart de She wants revenge. Una imagen obscenamente sexy armonizaba el ritmo electro pop: la vacilante desnudez de Mónica sobre mí. Nuestras distorsionadas percepciones se fusionaban en deliciosos vaivenes y caricias. Me besó y de nuevo cerré los ojos. Volví a ver y ella ahora estaba boca abajo recibiendo mis arremetidas. Todo era difuso, como un sueño.

De golpe, aterricé en la tangible realidad: mi cópula con una actriz mundialmente famosa. Me desprendí de la carnalidad del contexto y saqué conclusiones. Estaba follando con un concepto estético imperante. La belleza es un poder, tal como lo es el dinero y las armas. En cierta forma, pensé, mi acto sexual con Mónica Bellucci equivalía a hacerme presidente de una empresa multinacional o a poseer una bomba atómica. Tenía sexo con el emblema contemporáneo de la belleza. Me sentí el rey del mundo, justo después eyaculé.

III.
En la mañana desperté con las rodillas débiles. Sentí una ambigua mezcolanza de sensaciones: satisfacción, pudor, vergüenza. Comprendí que lo más difícil sería la conversación matutina. La clásica timidez del chileno saldría a flote. Mónica estaba en el balcón del cuarto charlando por celular. Hablaba en francés. No entendí nada, sin embargo, escuché varias veces la palabra Vincent. Entró a la habitación y simulé estar dormido. Caminó de aquí para allá y finalmente oí un portazo. Me levanté y vi una nota sobre la cama.

"I had to go. I spent a really good time with you, i hope you too. Bye, stranger."

La firma decía Mónica B.

Con una sonrisa indestructible, prendí el plasma. En todos los canales de televisión se hablaba de un insólito eclipse lunar que tuvo lugar a eso de las 2 de la madrugada. Varios científicos expresaron sus opiniones y algunos se atrevieron a decir que se trataba de un síntoma del fin del mundo. Ciertas personas, incluso, describieron asombrosos sucesos de que fueron objeto durante la noche. Apagué la pantalla y espontáneamente exclamé lo siguiente: ¡bendita anomalía lunar!

viernes, julio 25, 2008

Las películas más raras de la historia del cine

9. Donnie Darko de Richard Kelly.

7. Delicatessen de Jean Pierre Jeunet y Marc Caro.

3. Naked lunch de David Cronenberg.

El sitio web bakkouz.net eligió las 10 películas más raras de la historia del cine. La lista es arbitraria -como todas-, pero simpática. Entre las elegidas están Naked lunck, Donnie Darko, Delicatessen, Pi, entre otras. Si quiere ver la lista completa, haga click aquí: Top 10 weirdest movies of all time

miércoles, julio 23, 2008

Películas para agendar









martes, julio 15, 2008

Promesas del este




La revisión del cine de David Cronenberg devela la evolución y sofisticación de sus obsesiones, perversiones y fetiches. Dicho de otra forma, repasar su filmografía es ojear su ficha clínica. Scanners y La mosca son parte de la penetrante y fresca morbosidad de sus principios. Crash y Existenz plantean retorcidos predicamentos existenciales disolubles en distintos niveles. Y Spider y Una historia violenta, junto con alcanzar el clímax de su labor narrativa, aclaran que Cronenberg no tiene que demostrar nada a nadie. Promesas del este sigue esa senda.

La ostentación propia de los primeros filmes de un cineasta talentoso, se va desvaneciendo a medida que se alcanza el lenguaje cinematográfico que se busca. Cronenberg lo encontró hace años. Su experiencia lo llevó a optar por la simpleza, la armonía y la elegancia narrativa. Sus temáticas, usualmente, se han revestido de crudeza, extravagancia y audacia, sin embargo, un enfoque más interno se ha manifestado en sus últimas películas, incluida Promesas del este. La preeminencia de esa perspectiva, si bien conserva su sello, ha vuelto más convencional a su cine, lo cual en ningún caso menoscaba su visión, al contrario, expresa la constante exploración de sus películas y su habitual valentía cinematográfica.

Los tópicos predilectos de David Cronenberg, vale decir, la mutación y la degeneración, se repiten en Promesas del este, sin embargo, esta vez yacen en la profundidad de los personajes. La violencia parece ser la mejor representación de las exposiciones subyacentes de la película, tal como ocurrió en Una historia violenta. Por una parte, formula a la agresividad como parte de nuestro código genético y, por otra, plantea la necesidad de una lucha interior para apartarnos de ella. Las transformaciones, antes concebidas físicamente, en sus últimos tres filmes han sido psicológicas. Así, entre otras reflexiones, Promesas del este habla de las metamorfosis mentales y espirituales del hombre frente a cuestionamientos morales, y de la siempre presente disputa íntima entre el bien y el mal.

La película se introduce en el mundo de la mafia rusa en Londres, un universo que se revela tenebroso, fascinante e inquietante. Una indeterminación ética prevalece en el ambiente de la cinta. Por un lado, observamos hombres cultos, ceremonias pomposas, unidad familiar. Y por otro, sangre fría, muertes gratuitas, negocios sucios. El guión carece de una originalidad sobresaliente, sin embargo, aquello se compensa con el garbo del tratamiento narrativo. La lugubricidad, la oscuridad y el misterio procedentes de los personajes, los diálogos y la atmósfera, enaltecen la idea inicial. Por lo demás, la fidelidad de los elementos distintivos del contexto mafioso, tales como la significación de los tatuajes, la inclemencia de los asesinatos y los suntuosos festejos, está simplemente impecable.

Si bien Promesas del este es un filme mainstream, goza de los más refinados recursos del cine negro. En consecuencia, tras la linealidad y llaneza que expresa la narración, Cronenberg nos guiña un ojo. Por lo tanto, su dureza, delicadeza y seducción particulares acompasan el filme, concediéndonos un melodioso relato. Su impronta, por ende, subyace en cada fotograma.

Las segundas lecturas son obligadas a la hora de ver filmes de cineastas catalogados como autores. Promesas del este, pienso, habla de venganzas, de submundos, de la trivialización del mal, de la seducción y sujeción que ejerce el poder, del esporádico acometimiento de la conciencia moral y de la naturaleza violenta del hombre.

Resulta necesario mencionar la actuación de Viggo Mortensen. Está excelente. La profundización de su trabajo actoral es admirable. Provee al personaje de una prestancia y carisma que bien valen los premios que ha ganado. Hay que reconocerlo, gran parte del mérito del filme recae en él.

Ah, David Cronenberg. Hablamos de un cineasta que durante décadas ha perturbado la mente del espectador y que ha sentado bases en el cine contemporáneo. Promesas del este es una película de marca registrada. Otra digna pieza de su indispensable filmografía. A estas alturas, no vamos a pretender discutir el valor de su cine.

domingo, julio 06, 2008

Sobre John Locke y la reivindicación del hombre común


Digamos que John Locke es mi personaje favorito de Lost. Definido esto, continuemos. El culto a la televisión es una lacra, partamos por ahí. De la noche a la mañana surgen figuras patéticas a las cuales se les rinde pleitesía. Una lástima. Asimismo, la clase política es una mácula más sofisticada. Y diariamente, por lo demás, nos topamos con profesionales deshonestos o incompetentes de reputadas áreas. La aclamación, el prestigio, el éxito y la fama han perdido valor. El dinero mueve montañas. En consecuencia, el heroísmo barato del grupo selecto siempre es cómodo. Es fácil ser modesto cuando se es célebre, dijo Sábato. Es fácil ejecutar actos de bondad cuando se lo tiene todo. Distinto es el heroísmo del hombre común, ese arrojo difamado, silencioso, abnegado. Aquí entra John Locke. Su vida es lucha y fatalidad. Hay algo detrás de todo esto, piensa Locke. Un sentido, un significado, una luz. Sus circunstancias y decisiones lo llevaron a convertirse en un hombre común y corriente. Nunca logró nada sobresaliente. Su norte, sin embargo, fue el más noble: una misericordiosa y constante búsqueda. Algo hay, se decía inconcientemente. No obstante, sólo la soledad y una menoscabada fe fueron el resultado de una vida llena de desconsuelos y altruismos calumniados y desprovistos de gloria.

El hombre puede alcanzar múltiples objetivos superficiales dotados de profuso renombre, pero, ¿qué hace que una persona sea especial? Locke representa a la materia prima invisible del ser humano, a la esencia de la que estamos hechos, a la grandeza espiritual a la que podemos aspirar. Conciente del misterio del que formamos parte, Locke intenta conectarse con la verdad inalcanzable y cumplir el rol que le corresponde. Encontrar su destino, desarrollar su potencial adormecido, revelar su identidad. El sacrificio de su búsqueda hace miserable a su vida, y Locke mira pasar los años, sus fracasos, sus sueños incumplidos y la odiosa rutina impuesta por las circunstancias existenciales con la brutal incertidumbre de si llegará el día en que su apasionada sensibilidad, su mística sabiduría y su obsoleta humanidad cumplan su papel. Locke simboliza al hombre imperfecto que encuentra el camino perdido. Todo pasa por una razón, dice. Lo llaman demente, traidor y canalla. Y un día su sufrimiento muta en gloria. Locke pasa a ser un líder, un elegido, un salvador. Halla el significado de su búsqueda y con ello su lugar y su misión. John Locke constituye la reivindicación del individuo común. Del hombre fatigado, del hombre vulnerable, del hombre que lucha. John Locke excluye a los Superman y Batman y enaltece a los verdaderos superhéroes.

viernes, junio 20, 2008

El fin de los tiempos (The happening)


A propósito de El fin de los tiempos, mucho se ha hablado de la renovación de M. Night Shyamalan. No estoy de acuerdo. Por una parte, la película conserva su estilo narrativo. Y por otra, no necesita una evolución radical. El problema, creo, es que el cine de Shyamalan es masivo. Los cánones conforme a los cuales es evaluado son volubles. El sexto sentido fue un acierto portentoso, está claro. Todo el mundo la amó. Pero fue eso: un acierto, una circunstancia, un momento. Es en el conjunto de sus películas donde identificamos la impronta de su cine. Y así podemos apreciar el particular encanto de cada uno de sus filmes. El punto es el siguiente: Shyamalan no es lo máximo ni tampoco es lo peor, como fervorosamente lo han calificado los cuantiosos espectadores de su cine.

La dama en el agua y La aldea tal vez no alcanzaron los réditos deseados, sin embargo, son películas correctísimas. Si las hubiese realizado un cineasta europeo cool, nadie dudaría de ellas. Serían cine arte inofensivo. Pero las hizo Shyamalan. Vale decir, las ejecutó un cineasta con visión financiado a ojos cerrados por la industria cinematográfica gringa, dicho de otra forma: un infiltrado en el comercial mundo del celuloide. Los planteamientos subyacentes son recurrentes en sus filmes, no obstante, dadas las condiciones es más cómodo reprochar que analizar.

Es cierto, el contexto lucrativo limita a Shyamalan -como a cualquiera, creo-. En consecuencia, tanto el emisor como el receptor tendrán que ceder. El emisor -Shyamalan- adaptará, en cierta medida, su producto a las masas. El receptor de paladar refinado, por su parte, tendrá que aceptar a regañadientes esos ajustes. Y el receptor masivo, quien verá la película circunscrita a lo que muestran los fotogramas, muchas veces quedará inconforme. He ahí el dilema.

Shyamalan tiene el estigma de ser uno de los pocos cineastas-autores que consiguen éxitos de taquilla. Al hablar de cine de autor o cine arte me refiero al cine como generador de emociones sofisticadas, al cine con visión apasionada. La dama en el agua es un filme honesto, bello, original. Y fue un fiasco. Quizá pecó de ser muy de “autor”. O muy franco. Así, las películas de Shyamalan, pienso, son el resultado de un proceso a través de engranajes, donde sus ideales y los de la industria se enfrentan.

El fin de los tiempos -The happening- viene a ser la confirmación de la doble naturaleza de Shyamalan. Por un lado, sugiere un escenario apocalíptico, acción, muertes, magnificencia visual. Y por otro, plantea una faceta oculta de mucho más peso: la psicología, la atmósfera y la profundidad del filme. Puede que esa ambigüedad sea uno de los más interesantes recursos estilísticos del cineasta de origen hindú.

El magistral minimalismo, la adecuada utilización de los silencios y la acertadísima elección de los planos y secuencias, hacen que la película enganche e intrigue. La historia y el trasfondo, por lo demás, motivan. Todo aquello se condice con lo ya demostrado por Shyamalan en sus trabajos anteriores. El problema, aquí, radica en el cierre. Del suspenso pasa a un terror gótico y provocador, insinuando un desenlace epifánico y terrible que nunca llega.

La película, hablándonos visualmente -como debe ser-, nos plantea preguntas y nos invita a divagar. Se agradece que no recurra a voces en off ni a explicaciones excesivas. El error está en la vacilación a la hora del desenlace. El filme se va extraviando por el final, cayendo en un par de clichés lamentables. El impulso inicial pierde peso. Con todo, sigue siendo un ejercicio interesante y atractivo, y, por qué no decirlo, una gran película.

Inevitablemente, la relacioné con la reciente Southland tales de Richard Kelly. La temática de fondo es muy similar: el fin del mundo como corolario del estado de crisis del mundo actual. La diferencia está en las perspectivas. Todo lo que en Southland tales es ambición y pretensión, en El fin de los tiempos es austeridad y pulcritud narrativa. Además, el enfoque de la cinta de Richard Kelly es netamente existencialista, a diferencia de la de Shyamalan, cuya visión superpone a la naturaleza sobre el hombre.

sábado, mayo 31, 2008

Edmond




El viaje como psicoanálisis. La idea no es nueva, incluso nació un género cinematográfico: las road movies. Los personajes de ellas escapan de la cotidianeidad y ponen sal a sus vidas. De paso, suelen enamorarse y redescubrirse, digamos que en la mayoría de los casos. Edmond toma parte del concepto de película de viaje o película de caminos, tanto en cuanto a la idea de un viaje físico como a la de uno espiritual o interno, no obstante, no es una road movie. No calza del todo. Por una parte, su propuesta es intensamente pesimista. Y por otra, el viaje es una caminata de noche por las calles de Nueva York. Es decir, faltan las carreteras, el automóvil y el optimismo.

El concepto descenso, por lo demás, me convence más que el de viaje. Tras el quiebre con su esposa, Edmond Burke emprende un camino cuesta abajo hacia la revelación de su predicamento: su identidad. La película nos presenta un cúmulo de situaciones en que el protagonista parte por afirmar su virilidad y termina por despertar sus cuestionamientos más recónditos. El profundo desarraigo con el mundo que lo rodea sale a flote en su odisea nocturna y su psicología reprimida emerge.

El guión es de David Mamet. Su experiencia como dramaturgo, novelista, guionista y cineasta determinan que funcione como reloj. Sus temáticas tradicionales se canalizan en Edmond, atormentada y poéticamente. El existencialismo presente en el filme es innegable. Vemos a Mamet en su máxima expresión. Convincente, bella y angustiosamente, se plasman en la cinta el sentido trágico de la existencia del hombre y la aceptación de la convivencia en una realidad absurda.

La dirección está a cargo de Stuart Gordon, el cerebro detrás del clásico del cine de terror Re-animator. La elección de un cineasta dedicado al horror es perfecta, la razón está en las herramientas que manejan los directores de ese cine. Edmond es una película incómoda y perturbadora, dotada de una estética sofisticada, opresora y sombría. Evidentemente, alguien proveniente del género del horror saca provecho de una atmósfera de esa naturaleza. Además, en cierto modo Edmond es un filme de terror, el terror de no encontrar un sentido, y el terror de ser títeres de la realidad.

Los condimentos filosóficos de Edmond son manifiestos. El nombre del protagonista no es gratuito. Edmund Burke fue un escritor, filósofo y político británico que planteó, entre otras cosas, una teoría estética en la que relacionó belleza, poder y terror, y en la que divulgó que la noche despierta nuestros miedos más ocultos. La caminata nocturna por las calles de Nueva York, teñida de sangre y sexo, desnuda al protagonista. De sopetón, Edmond se enfrenta a su irremediable alienación y falta de pertenencia, y, ajeno a convenciones sociales, lucha por hacer algo al respecto.

El talón de Aquiles del filme, si es que tiene uno, es su origen teatral. Edmond es la adaptación de una obra de teatro del mismo David Mamet. Muchos de los diálogos de la cinta son estremecedores, sin embargo, otros ostentan una profundidad y complejidad más propia del teatro que del cine. Si bien podemos disfrutarlos, atentan contra la fluidez narrativa que plantea la película. No obstante, si hablamos de los diálogos, hallaremos muchas más virtudes que defectos. La charla de la escena final está a otro nivel.

Resuenan los ecos de Taxi driver, El extranjero y El hombre que nunca estuvo. Edmond es un sociópata en potencia, un anacronismo, un forastero. La violencia será el fruto de la relación causa-efecto. Su karma. En el mundo no hay espacio para él. Edmond está lleno de odio.

El reparto lo encabeza el impecable William H. Macy. Dan ganas de ponerse de pie y aplaudirlo. Está brillante. Es capaz de interpretar con maestría a un hombre amigable, peligroso, enérgico, deprimente. Un ente fuera de lugar. Un individuo de constantes frustraciones y erráticas introspecciones. Macy se echa el filme al hombro y sale airoso. El resto de los personajes son obstáculos en la epopeya del protagonista y, por tanto, sus participaciones son breves y catárticas. El elenco es peculiar, destaca Julia Stiles, Mena Suvari, Denise Richards y Joe Mantegna.

Edmond es cine del puro. Ese que busca el cinéfilo empedernido entre tanto escombro inservible. Da gusto notar que aún es posible sobrecogerse. Esta película es poderosa. Fiel a su visión, niega los moldes. Ahí está su mérito: su coraje. Su ausencia de miramientos complacientes. El resultado: una joyita del cine independiente.

lunes, mayo 26, 2008

De Tarantino y su pasión por el cine


El festival de Cannes todos los años realiza algo que se llama la “Cinema masterclass”, es decir, la clase magistral de cine. En la actual edición está a cargo del cineasta QUENTIN TARANTINO. Fue la ocasión para que el realizador definiera su pasión por el cine: “Yo quiero hacer películas, por lo cual yo tengo que hacer películas. La razón por la cual no hago más películas es que me gusta vivir la vida entre una y otra. Yo le doy todo a mis películas. Es como si estuviera escalando el Monte Everest cada vez. Cuando bajo de la montaña, entonces me gusta poder disfrutar de algo de tiempo de mi casita en la colina. Pero la real y verdadera razón de porque no quiero hacer tantas películas es porque yo soy un escritor, y siempre tengo que empezar con la pagina en blanco y eso es muy duro. Nada de lo que uno ha hecho anteriormente vale algo cuando uno tiene que empezar todo de nuevo”.

viernes, mayo 23, 2008

El hombre invisible


Paso por perdedor. Doy pena, está claro. Estoy en una discoteca y nadie nota mi presencia, absolutamente nadie. Soy escuálido y uso anteojos poto botella. Visto una camisa blanca onda disco y una chaqueta de cuero negra. Aparte, ostento un bigote de galán porno setentero y me peino con abundante gel. Soy la versión nerd de un narcotraficante colombiano. Conforme a lo que me he fijado, provoco una vergüenza ajena que se olvida al mirar a otra parte. Suena un reggaeton que habla de sexo anal y dos chicas salen a bailar. Todo aquel que se les acerca es rechazado, inapelablemente. Desde mi rincón, las observo y me doy cuenta que una es un bombón. Se ve en sus ojos que aún no entiende el status sociocultural de sus nalgas carnosas. Me dan ganas de sodomizarla, salvaje y tiernamente. En todo caso, la ingenuidad de una sexualidad latente suele ser pasajera. La otra es su contraste. Podría definirla como una pelolais con sobrepeso. Sus pechos por poco alcanzan su ombligo y su panza es prudente. Posee una displicencia inmerecida que me excita y me enfurece: la mezcla perfecta. Baila con el desdén de una top model, claro, pero evidentemente no lo es. El vaivén de su obesidad, con todo, me ocasiona un efecto hipnótico. Tengo que decirlo: su pubis es gigantesco. Luce un pantalón elasticado color beige que lo hace ver extraordinariamente prominente, casi pornográfico. Además, tiene el tronco muy corto; la pelvis está justo debajo del ombligo y acaba con el pantalón internándose en sus labios superiores. Pienso: qué pedazo de coxis. La imagino jadeando; primero gemidos tenues, luego gritos de parto. Me mira y no me ve. O no me quiere ver. O no le importa. Nadie me ve y a nadie le importa. Soy el flaquito de la esquina, el flaquito pervertido. El lobo con piel de oveja. Leo sus labios, dice que va y vuelve, la sigo. Soy el hombre invisible, el que nunca estuvo. Entra al baño, me filtro, le toco el hombro. Voltea y se encuentra conmigo y con mi pañuelito con cloroformo, a tres centímetros. Le aprisiono el cuello y pongo el trapo contra su nariz. Transcurridos tres segundos, se duerme y cae en mis brazos. Los cubículos son espaciosos y esbozo una sonrisita perturbada. ¡Maldita perra exhibicionista! ¡Te la buscaste! Cierro la puerta de una de las casillas, la ubico junto al inodoro, la desnudo. Saco un frasquito con vaselina y con mis dedos índice, medio y anular lubrico su vagina y su recto. Así me gusta: piluchita y calladita. A lo necrófilo. Tomo asiento en el retrete y calzo su vagina sobre mi sexo. Sacudo mi pelvis hacia delante y hacia atrás, miro el ir y venir de sus carnes, estrujo sus glúteos. La veo y pienso: me estoy tirando a un zombi. Sus ojos quieren abrirse, de súbito, y la duermo otra vez. ¡Bendito pañuelito! En seguida la pongo boca abajo y me sitúo por detrás. Su esfínter anal está apretado y aplico más vaselina, un tanto más. Logro yacerla y se pone a sangrar. Un poquito de sangre no le hace mal a nadie, seamos honestos. Cada penetración renueva el temblor de su adiposidad gelatinosa, deliciosamente. Interrumpo el coito y eyaculo en su espalda, por supuesto. De pronto siento nauseas. La atmósfera está espesa, muy espesa. El revoltijo de cloroformo, sangre y semen se cuela por mis fosas nasales y hace dar vueltas a mi cabeza. Mi estómago empieza a retorcerse y a los segundos vomito, ferozmente. A continuación, mis párpados se tornan pesados y me derrumbo en el charco de esperma y regurgitación de su dorso. Despierto y ambos seguimos allí. Milagrosamente, ella aún está anestesiada. Pienso: me salvé. Vomito de nuevo, la limpio lo mejor que puedo, la visto. Echo un vistazo a mi verga: tengo el glande irritado, sangriento y con materia fecal. No me importa. Hay gente en el baño; espero que se vayan y la cambio de cubículo. Ahí la dejo, vestidita y peinadita. Excepto por la abertura de su conducto excretor, todo habrá sido una pesadilla vaga. Vuelvo a la discoteca y nadie me ve, obvio. Todavía soy el hombre invisible. Sigo algo mareado y me tropiezo. Motivo risas, pero mayormente indiferencias. Salgo a la calle y fumo el cigarrillo de la victoria, otro más. Es hora de irme a casa. Boto el bigote en un tacho de basuras, me despeino un poco, guardo los anteojos. En resumen: otra se agrega a mi cuenta de violaciones imperceptibles.

domingo, mayo 18, 2008

Un prólogo


II
Nada hay más ambiguo que eso que se llama realismo en el arte literario. Porque, ¿qué realidad es la de ese realismo?

Verdad es que el llamado realismo, cosa puramente externa, aparencial, cortical y anecdótica, se refiere al arte literario y no al poético o creativo. En un poema -y las mejores novelas son poemas-, en una creación, la realidad no es la del que llaman los críticos realismo. En una creación la realidad es una realidad íntima, creativa y de voluntad. Un poeta no saca sus criaturas -criaturas vivas- por los modos del llamado realismo. Las figuras de los realistas suelen ser maniquíes vestidos, que se mueven por cuerda y que llevan en el pecho un fonógrafo que repite las frases que su Maese Pedro recogió por calles y plazuelas y cafés y apuntó en su cartera.

¿Cuál es la realidad íntima, la realidad real, la realidad eterna, la realidad poética o creativa de un hombre? Sea hombre de carne y hueso o sea de los que llamamos ficción, que es igual. Porque Don Quijote es tan real como Cervantes; Hamlet o Macbeth tanto como Shakespeare, y mi Augusto Pérez tenía acaso sus razones al decirme, como me dijo -véase mi novela (¡y tan novela!) Niebla, páginas 280 a 281- que tal vez no fuese yo sino un pretexto para que su historia y las de otros, incluso la mía misma, lleguen al mundo.

¿Qué es lo más intimo, lo más creativo, lo más real de un hombre?

Aquí tengo que referirme, una vez más, a aquella ingeniosísima teoría de Oliver Wendell Holmes -en su The autocrat of the breakfast table, III- sobre los tres Juanes y los tres Tomases. Y es que nos dice que cuando conversan dos, Juan y Tomás, hay seis en conversación, que son:

Tres Juanes:

1. El Juan real; conocido sólo para su Hacedor. 2. El Juan ideal de Juan; nunca el real, y a menudo muy desemejante de él. 3. El Juan ideal de Tomás; nunca el Juan real ni el Juan de Juan, sino a menudo muy desemejante de ambos.

Tres Tomases:

1. El Tomás real. 2. El Tomás ideal de Tomás. 3. El Tomás ideal de Juan.

Es decir, el que uno es, el que se cree ser y el que le cree otro. Y Oliver Wendell Holmes pasa a disertar sobre el valor de cada uno de ellos.

Pero yo tengo que tomarlo por otro camino que el intelectualista yanqui Wendell Holmes. Y digo que, además del que uno es para Dios -si para Dios es uno alguien- y del que es para los otros y del que se cree ser, hay el que quisiera ser. Y que éste, el que uno quiere ser, es en él, en su seno, el creador, es el real de verdad. Y por el que hayamos querido ser, no por el que hayamos sido, nos salvaremos o perderemos. Dios le premiará o castigará a uno a que sea por toda la eternidad lo que quiso ser.

Ahora que hay quien quiere ser y quien quiere no ser, y lo mismo en hombres reales encarnados en carne y hueso que en hombres reales encarnados en ficción novelesca o nivolesca. Hay héroes del querer no ser, de la noluntad.

Mas antes de pasar más adelante cúmpleme explicar que no es lo mismo querer no ser que no querer ser.

Hay, en efecto, cuatro posiciones, que son dos positivas a) querer ser; b) querer no ser; y dos negativas: c) no querer ser; d) no querer no ser. Como se puede: creer que hay Dios, creer que no hay Dios, no creer que hay Dios, y no creer que no hay Dios. Y ni creer que no hay Dios es lo mismo que no creer que hay Dios, querer no ser es no querer ser. De uno que no quiere ser difícilmente se saca una criatura poética, de novela; pero de uno que quiere no ser, sí. Y el que quiere no ser, no es, ¡claro!, un suicida.

El que quiere no ser lo quiere siendo.

¿Qué? ¿Os parece un lío? Pues si esto os parece un lío y no sois capaces, no ya sólo de comprenderlo, más de sentirlo y de sentirlo apasionada y trágicamente, no llegaréis nunca a crear criaturas reales y, por tanto, no llegaréis a gozar de ninguna novela, ni de la de vuestra vida. Porque sabido es que el que goza de una obra de arte es porque la crea en sí, la re-crea y se recrea con ella. Y por eso Cervantes en el prólogo a sus Novelas ejemplares hablaba de "horas de recreación". Y yo me he recreado con su Licenciado Vidriera, recreándolo en mí al re-crearme. Y el Licenciado Vidriera era yo mismo.


Miguel de Unamuno

Texto completo: Un prólogo

sábado, mayo 03, 2008

Agujero de gusano


A José Vega. Que, aunque el cuento quizá no sea de su agrado, estuvo atento al destino de Tomás Palmer.

Haga click aquí: Agujero de gusano