jueves, enero 28, 2010

LOST: la última cena


Mire esta foto y váyase en volada, como lo hicieron aquí.

¡Aguante Johnny "Mesías, Salvador, Jesucristo" Locke!

viernes, enero 22, 2010

Las absurdas salidas de la cueva misteriosa



Un día de verano cualquiera.


- Oye, ¿andai con la cámara?

- Sí, ¿por qué?

- Grábame entrando a esa especie de cueva; puede que salga chistoso.

- Dale.


2 minutos después.


- Deja ver cómo quedó.

- Mira.

- Ja-ja. Podríamos grabar distintas salidas ahora, salidas estúpidas.

- ¿Cómo si fuera un portal?

- Sipo.

- Ja-ja. Filmémoslo en la tarde.


4 horas después.


- ¿Y con esta idiotez que grabamos vas a hacer un cortometraje?

- Yo cacho.

- ¿No será muy imbécil?

- Obvio, pero supongo que con la edición mejorará un poco.

jueves, enero 14, 2010

3 excelentes ejemplos de cine sobre realidad virtual



Strange days (Kathryn Bigelow, 1995): Intrigante, política, apocalíptica.



Existenz (David Cronenberg, 1999): Grotesca, orgánica, intelectual.



Gamer (Mark Neveldine y Brian Taylor, 2009): Postmoderna, cool, inteligente.

lunes, enero 04, 2010

Las 10 mejores películas estrenadas en Chile el 2009


10. Enemigos públicos. Dirigida por Michael Mann, Enemigos públicos cuenta la historia del famoso ladrón de bancos John Dillinger y de la persecución policial de que fue objeto. Se trata de un thriller policíaco al estilo clásico, de gran fotografía y dirección de arte, que nos muestra personajes que salen del cliché; lamentablemente, se alarga mucho y se torna distante. Aún así vale la pena.


9. Hace mucho que te quiero. La ópera prima del escritor francés Phillippe Claudel podría definirse como un ejercicio dramático sutil, contenido, lleno de silencios y expresiones faciales que dicen mucho más que las palabras. Una pieza conmovedora y liberadora, pero con un final predecible (aunque efectivo) que resta energía a lo que se vino construyendo. Eso sí, un excelente debut.


8. Bastardos sin gloria. Una gran película que pudo ser mucho mejor. Me remito a la ya dicho en un post anterior: los mejores momentos del filme se dan cuando Tarantino se pone al servicio de la historia, más que cuando la historia se pone al servicio de Tarantino. Si quiere unirse a la discusión “estilo versus historia”, a propósito de esta película, pase por acá.


7. Drag me to hell. La mejor película de terror del año, aunque en estricto rigor habría que decir que es una comedia de horror. Esta cinta constituye el glorioso regreso de Sam Raimi al género que lo vio nacer, un regreso que comprueba que mantiene intacta su frescura gore y su gusto por el horror freak. Sin duda, un aterrador y repugnante placer con la marca registrada de Sam Raimi.


6. El luchador. Se nota que estamos frente a un filme con corazón. La cámara al hombro que sigue al luchador en el tramo más decadente de su vida hace que la pantalla reboce de realidad, intensidad y honestidad. Estamos frente a un filme opuesto a lo que Darren Aronofsky nos tenía acostumbrados, visual y temáticamente, pero que corrobora el coraje y la grandeza de su cine.


5. La nana. Una película que no predica, sino que muestra; muestra una pequeña vida que esconde raíces socioculturales que incomodan y duelen. La nana es un filme íntimo y sobrecogedor, ejecutado con la sensibilidad justa. Un filme que conquistó al mundo no sólo con la brillante actuación de Catalina Saavedra, sino que con su mensaje esperanzador en medio de un mundo segmentado.


4. Up. Ah, Pixar. ¡Cómo nos deleitas! Tal como pasó con Ratatouille y Wall-e, Up viene a ser otra encantadora y dulce pieza digna de ver en familia, con amigos, con tu pareja o con quien sea, porque tiene la gracia de congregar a través de la belleza, la emoción y el humor. Por lo demás, la idea del viaje como reencuentro con nuestra identidad es de las más hermosas moralejas que hay.


3. El curioso caso de Benjamin Button. Una pieza ingeniosa y alegórica de una belleza minuciosamente equilibrada y absolutamente cinematográfica. Un relato épico y pulcro sobre la vida, el amor y la muerte. Una suerte de best seller por anticipado que opta por un camino austero y tradicionalista, pero transitado con la mayor exquisitez posible. Lea mi extensa crítica aquí.


2. Sector 9. Una sorpresa. Nunca imaginé que una película de alienígenas pudiera decir tantas cosas a la vez. Por un lado, tenemos una película de acción y ciencia ficción de excelencia, cuya artesanía visual deja la boca abierta. Y por otro lado, un relato original, irónico y en tono de documental, dotado de un profundo y escandaloso contenido social. Extraordinaria.


1. El gran Torino. Simplemente, la película más poderosa del año. Con una narrativa directa y una cinematografía clásica y sencilla, Clint Eastwood nos golpea hasta la médula. Se trata de un filme que sin dejar de lado su carácter intimista, expone, desnuda y cuestiona realidades socioculturales que sacudirán y harán reflexionar hasta el más indolente. Un peliculón de esos escasos.




Menciones honrosas: Vicky Cristina Barcelona, Coraline, Slumdog millionare.

Filmes trascendentales del 2009 que no pude incluir (dado que no se estrenaron en Chile): Thirst (Park Chan-wook), Let the right one in (Tomas Alfredson).



Las 10 mejores películas estrenadas en Chile el 2008.
Las 10 mejores películas estrenadas en Chile el 2007.

sábado, diciembre 05, 2009

Las mejores promos de LOST



sábado, noviembre 28, 2009

Fierrazo (cortometraje)

A modo de presentación, digamos que más que un cortometraje "Fierrazo" es una humorada entre amigos y una excusa para filmar lo que sea; una excusa útil, porque me permitió usar un programa de edición de video y tener en cuenta incontables errores de grabación para próximos proyectos. Además, "Fierrazo" viene a ser el ansiado primer cortometraje tras dos intentos anteriores con mi grupete de amigos; intentos que dejaron pocas escenas y muchas anécdotas, algunas bastante penosas. "Fierrazo" surgió de la necesidad de reducir actores, ideas y tiempo al mínimo, con el codiciado objeto de por fin ver algo en la pantalla, aunque sea imperfecto. Pese a todo, la idea es que sigamos tratando de hacer cortometrajes, los que seguramente irán mejorando poco a poco.


Señoras y señores, sin más preámbulos: “Fierrazo”.


jueves, noviembre 19, 2009

Breve divagación en torno a “Bastardos sin gloria”


Comencemos diciendo que la película me encantó. No es de esos filmes trascendentales que aparecen una vez por lustro, pero sí es una sobresaliente cinta. Aclaro esto con tal simpleza porque no me extenderé en sus virtudes, sino que justamente en todo lo contrario, ya que pienso que es lo más debatible y analizable.

Sabemos que la narrativa de Tarantino tiene un notorio sello (llámese también estilo, forma, revestimiento e incluso estructura), pero me surge el predicamento acerca de qué debe primar: ¿la historia o el sello? El que goza de una lógica implacable podrá pensar que es una pregunta manoseada y me responderá que ambos deben complementarse. Y el que le da una vuelta más, podrá decirme que en el cine primero viene la historia y luego el estilo. En fin. El punto es que esta historia en particular es ingeniosa y con momentos brillantes, como el inicio del filme, ciertos diálogos y aquella escena en el bar-sótano, pero se ve pululada por intromisiones. Me refiero a ese maletín de recursos estilísticos que a ratos saca a relucir Tarantino, como diciendo “aquí estoy yo”. Que no se malentienda: divierten, pero también entorpecen. Está claro que en Kill Bill y Death Proof calzan, pero siento que aquí quitan fuerza a la narración. Asimismo, el progresivo humorismo en el personaje de Brad Pitt (teniente Aldo “El apache” Raine) también me inquieta, vale decir, me hace pensar que el tono de la cinta es un tanto ambiguo. Concluyendo: me parece que los mejores momentos del filme se dan cuando Tarantino se pone al servicio de la historia, más que cuando la historia se pone al servicio de Tarantino.

lunes, noviembre 09, 2009

Simplemente no necesitaban secuela











Entre muchas otras.

miércoles, septiembre 23, 2009

Blood car: porno-trash ecológico



Tenía a Blood car en carpeta hace tiempo, pero no era un imperativo, de modo que sólo la vi por casualidad en uno de los típicos ciclos de cine bizarro de Valparaíso. Y tengo que ser honesto: la película superó mis expectativas. Pintaba para ser una de esas rarezas ligeras que vienen bien de vez en cuando, pero su sobresaliente ingenio, ironía y humor negro la pone de entre lo mejor que he visto este año. El filme se sitúa en una sociedad futurista donde la gasolina es prácticamente impagable, por lo que los automóviles son de uso reservado para los multimillonarios. El héroe de la cinta es un profesor de infantes vegano (sublime sarcasmo) que se ha decidido a buscar una fuente alternativa de combustible; un buen día, fortuitamente, encuentra la solución: la sangre. De ahí en adelante, paulatinamente y guiado por necesidades sociales pervertidas e institucionalizadas, irá abandonando sus altruistas convicciones medioambientalistas para venderse sádica y brutalmente a los requerimientos de su contexto sociocultural. El filme juega con el gore, la comedia negra y la ironía social, y se reviste de ese aire indie y de bajo presupuesto tan en contra del stablishment cinematográfico. Por supuesto que la premisa central de Blood car es altamente perspicaz, pero no sería nada sin la propuesta narrativa y estética que la complementa, una propuesta ágil, fresca y rotundamente sexual (acompasada, extrañamente, con harta música clásica). Alguien por ahí definió su estilo como porno-trash ecológico, precisamente por esa mezcla de humor negro algo adolescente, gore, conciencia ambientalista subyacente y sexo. En fin: una grata sorpresa que a ratos consigue un sarcasmo depurado y escandalosas dosis de hilaridad.

lunes, septiembre 21, 2009

Emmys 2009



Cuatro cosas:

1) El premio de mejor actor de reparto en una serie de comedia para Jon Cryer. Por Dios que me ha hecho reír Alan Harper en Two and a half men; por lo que supe era su cuarta nominación consecutiva sin ganar, así que ya era hora de un reconocimiento masivo. Su discurso, por lo demás, estuvo divertido; fue algo así: “estos premios siempre me han parecido un reflejo de popularidad momentánea, pero ahora me doy cuenta que miden a la perfección la calidad de un actor” (risas).

2) El premio de mejor actor de reparto en una serie de drama para Michael Emerson. ¡Qué ambigüedad moral que refleja el rol de Benjamin Linus en LOST! Nunca me ha quedado claro si es de los buenos o de los malos. En su preciso discurso reconoció que B. Linus era el papel de su vida. Este Emmy, además, se suma al que recibió Terry O’quinn (John Locke) el año pasado.

3) El premio a la mejor serie dramática a Mad Men por segundo año consecutivo. Si bien por una cosa afectiva, narrativa y temática me quedo con LOST, tengo que reconocer que Mad Men es de lo mejor que hay en gringolandia hoy en día, especialmente por la profundidad y el tratamiento de sus personajes.

4) El premio a la mejor serie de comedia a 30 rock por tercer año consecutivo. ¡3 años! Cuando me he topado con esta serie en el cable no me ha llamado la atención, quizá deba darme el tiempo de verla. ¿Pero será para tanto? Tal vez gana porque la academia quiere hacer desaparecer a las sitcom. Mejor paro de escribir y la veo.

Acá va la lista de los principales ganadores:

Mejor Comedia: 30 Rock.
Mejor Drama: Mad Men.
Mejor actor de Comedia: Alec Baldwin (30 Rock).
Mejor actor dramático: Bryan Cranston (Breaking Bad).
Mejor actriz de comedia: Toni Collette (United states of Tara).
Mejor actriz dramática: Glenn Close (Damages).
Mejor actor de reparto en una comedia: Jon Cryer (Two and a half men).
Mejor actor de reparto en un drama: Michael Emerson (Lost).
Mejor actriz de reparto en una comedia: Kristin Chenoweth (Pushing Daysies).
Mejor actriz de reparto en un drama: Cherry Jones (24).
Mejor Miniserie: Little Dorrit.
Mejor TV movie: Grey Gardens.

viernes, septiembre 11, 2009

La avispa


Regocíjese con este genial relato de Richard Wilson.

LA AVISPA

La avispa chocó, zumbando, contra el cristal del parabrisas, en el interior del coche, y el conductor notó la presencia del insecto por primera vez. En aquel momento iniciaba una curva a cuarenta y cinco millas por hora, de modo que no pudo hacer nada. Cuando pasó la curva, el hombre, que iba solo en el automóvil, alargó la mano y abrió la ventanilla de la derecha. La pequeña ventanilla de ventilación de la izquierda ya estaba abierta. El hombre agitó la mano, no demasiado cerca de la avispa, como para señalarle el camino de la libertad.
La avispa continuó zumbando y no hizo el menor caso de la ventanilla abierta. Sus alas siguieron chocando contra el cristal del parabrisas.
Dos veces más, cuando el tránsito lo permitió, el hombre trató de comunicar a la avispa que había un camino para salir del coche. La segunda vez, la avispa zumbó furiosamente, en un crescendo, y el hombre decidió no insistir. No había sido picado nunca por uno de aquellos animalitos, pero ésta podía ser la primera vez, si la avispa se enfurecía.
Al cabo de un rato, la avispa dejó de zumbar y empezó a revolotear de un lado a otro. El insecto debió entrar en el automóvil cuando éste se encontraba aparcado cerca de la casa, antes de que el hombre lo pusiera en marcha para dirigirse a la ciudad. El día era muy caluroso, y había dejado las ventanillas abiertas a fin de mantener ventilado el vehículo.
Al pasar junto a uno de los mojones de la carretera, el conductor comprobó que había recorrido diez millas. Casi la mitad del camino. En cierta ocasión había medido la distancia: 22,2 millas desde su casa hasta el lugar donde aparcaba el automóvil para tomar un metro que le llevaba hasta el centro de la ciudad.
Se preguntó si el hogar de la avispa no estaría situado cerca del suyo. Había un nido de avispas debajo del alero de su casa, lo suficientemente alto como para no ser un peligro para nadie. Si hacía salir a la avispa del vehículo, el animalito se encontraría muy lejos de su hogar, a pesar de su capacidad de vuelo, la cual, por otra parte, era un misterio para el conductor. Tal vez no pudiera regresar a su nido. Tal vez no pudiera encontrar otra colonia de avispas, y si la encontraba, tal vez no fuera aceptada en ella.
Normalmente hacía funcionar la radio del coche; de haber seguido esta costumbre en aquella ocasión, se hubiera olvidado de la avispa en cuanto dejó de zumbar. Pero la radio estaba estropeada y, por tanto, la mente del conductor disponía de la atención necesaria para dedicarla a la pequeña fantasía sobre la desplazada avispa.
Obedeciendo a un repentino impulso, volvió a cerrar la ventanilla de la derecha. Había decidido encerrar a la avispa en el automóvil y hacer con ella el camino de regreso. Sus asuntos sólo le retendrían en la ciudad unas cuantas horas, y luego, los dos —la avispa y él— regresarían a casa.
Los movimientos que hizo al cerrar la ventanilla sobresaltaron a la avispa. Zumbó frente al rostro del conductor, luego alrededor de su cabeza y, por último, fue a chocar contra la ventanilla que acababa de cerrarse.
«Eres una tonta —dijo el hombre, en tono casi cariñoso—. Te llevaré a casa, quieras o no.»

Evidentemente, el hombre del rifle era un cazador. O, para ser más exactos, un cazador furtivo. La temporada de caza había terminado, y si le sorprendían en el coto, con un arma de fuego, le darían un disgusto.
No había conseguido cobrar ninguna pieza, y su ánimo, bajo el cálido sol del mediodía, se mostraba afectado por una gran depresión. Estaba en pie desde antes del alba, y se sentía muy fatigado.
Iba andando, murmurando en voz baja, cuando vio el reflejo del sol sobre un objeto metálico, en un claro del bosque, a poca distancia del lugar donde se encontraba. Un edificio, al parecer; aunque es difícil imaginar la existencia de un edificio en un lugar tan apartado.
Apresuró el paso y, cuando estuvo más cerca del objeto, comprobó que no era un edificio. Llegó al borde del claro, lo distinguió con claridad y, contra lo que le mostraron sus propios ojos, se negó a admitir la evidencia.
Parecía una nave espacial. Al menos, tenía el aspecto de las naves espaciales que el cazador había visto en el cine y en las revistas infantiles. Pero no estaba dispuesto a aceptar una cosa como aquella en el terreno de la realidad.
Había leído las noticias que publicaban los periódicos acerca de las investigaciones espaciales y de los satélites construidos por el hombre que podían situarse por encima de la atmósfera terrestre. Pero eran habladurías.
Sin embargo, aquello que tenía ante sí existía. Estaba allí... Fuera lo que fuese.
A su alrededor no había cabañas ni cobertizos, lo cual demostraba que aquél no era el lugar en que había sido construido. Ni tampoco se veían cámaras, ni actores, ni otros elementos de rodaje cinematográfico. En realidad, no había nada, excepto la nave, larga, plateada, descansando sobre su cola.
Su puerta ¿o la llamaban escotilla? estaba abierta. El cazador no pudo ver a nadie dentro. Debajo de la escotilla había una escalera de metal, plegable.
Permaneció de pie en el borde del claro, sin tratar de ocultarse, pero sin hacerse demasiado visible. Dejó transcurrir un largo rato antes de tomar la decisión de acercarse un poco más. Mientras tanto, nada se había movido.
Cuando llegó al pie de la escalerilla se detuvo, con el oído atento. No oyó el menor ruido. Subió los peldaños de metal y penetró en la nave. Nadie.
En el interior todo brillaba como la plata. Todo flamante. Un pasillo conducía a la parte superior, formando espiral. Tras una leve vacilación, el hombre echó a andar por el pasillo, empuñando fuertemente su rifle.
El pasillo parecía no tener fin; el hombre estaba pensando en la conveniencia de abandonar la empresa, cuando llegó ante una puerta. Estaba cerrada.
Se detuvo y escuchó. No oyó nada.
La puerta no tenía manecilla, pero, al empujar el hombre, se abrió.
La cámara a que daba paso estaba también desocupada. Pero, por primera vez, aparecieron señales de habitabilidad. Había muebles, por ejemplo. No sillas, ni sillones, sino una cosa intermedia. Parecían cómodos.
Había una mesa, o banco, a lo largo de una de las paredes, con varios recipientes encima. Eran metálicos. Los más pequeños semejaban arquillas, y cajas fuertes los de mayor tamaño. Todos eran de plata, o al menos plateados.
El hombre se acercó a ellos pero no consiguió descubrir el modo de abrirlos. En apariencia, no tenían cerradura.
El hombre quedó absorto en la contemplación de las cajas por espacio de un par de minutos. Después se irguió de nuevo y escuchó atentamente. Nada.
En la camareta había otras cosas, pero ninguna tenía sentido para él.
Probó una de las sillas-sillones y la encontró muy cómoda. Era de plata también, aunque el asiento y el respaldo estaban tapizados con un material esponjoso.
El hombre se sentó, diciéndose que lo mismo podía escuchar sentado que de pie. Colocó el rifle sobre sus rodillas.
Se sintió invadido por una gran somnolencia, pero hizo un gran esfuerzo para mantener los ojos abiertos y aguzó el oído, como compensación.
Al cabo de un minuto, se durmió.
Le despertaron unas suaves vibraciones. Y, al darse cuenta de dónde estaba, se maldijo a sí mismo por haberse quedado dormido. Se puso en pie de un salto. Se encaminó hacia la puerta. La empujó, pero continuó cerrada. Luego recordó que se había abierto hacia dentro, no hacia fuera, y buscó un tirador. No había ninguno.
Había luz artificial, pero el hombre no consiguió saber su procedencia. Ninguna ventana. Sólo aquella puerta. El hombre calculó los posibles efectos de una bala de rifle. Si hubiese existido alguna cerradura, hubiera disparado contra ella. Pero no había ninguna cerradura, y un disparo de rifle sólo hubiese logrado revelar su presencia.
Las vibraciones continuaban. Eran muy leves, como si se produjeran muy lejos, o estuvieran aisladas; pero no cabía duda de que procedían de la nave.
El hombre, repentinamente asustado, se preguntó si habrían despegado.
Y, si habían despegado, se preguntó a continuación, dejando que el temor se impusiera a su escepticismo acerca de la existencia de las naves espaciales, ¿adonde se dirigían?
Empezó a dar vueltas por la camareta, frenéticamente. Trató de mover las sillas-sillones, pero estaban firmemente unidas al suelo de metal. Cogió las cajas de color de plata más pequeñas y las tiró contra el suelo. Las de mayor tamaño eran demasiado pesadas para que pudiera levantarlas, pero podía arrastrarlas por encima de la mesa y hacerlas caer. Las hizo caer. Ni siquiera se abollaron.
En una de las paredes había una cuadrícula de artesonado. El hombre apoyó el rifle contra la pared y apretó con ambas manos. Nada. Luego recorrió el artesonado con las puntas de los dedos, buscando algún botón o algún resorte oculto. Si había alguno, no consiguió encontrarlo.
Finalmente, exhausto y furioso, se quedó de pie en el centro de la camareta. Empuñó su rifle, dispuesto a disparar a la menor señal de peligro.
Seguía allí, en pie, tenso y asustado, cuando cesaron las vibraciones, cinco minutos más tarde.
El silencio era absoluto, exceptuando el sonido de su propia respiración. Esto le impresionó aún más. Sus piernas empezaron a temblar, sin que pudiera dominarlas. Se acercó de nuevo a la silla-sillón y se sentó.
Esperó.
Sus ojos estaban clavados en la puerta, la única entrada posible, cuando empezó a moverse hacia dentro, lentamente.
El nombre volvió a temblar, pero apuntó su rifle en dirección a la puerta y murmuró con voz ronca:
—De acuerdo, entre, pero levante las manos por encima de su cabeza.
Se tildó a sí mismo de estúpido mientras pronunciaba aquellas palabras.
Pero su aturdimiento subió de punto cuando la puerta se hubo abierto del todo sin que apareciera nadie.
El hombre se puso en pie y se dirigió cautelosamente hacia el umbral. Asomó la cabeza, pulgada a pulgada, y miró arriba y abajo del pasillo. Nadie. Nada. Ni un ruido.
Con el rifle en la mano, dio unos cuantos pasos hacia la derecha. El pasillo se extendía delante de él. Luego recorrió a la inversa el camino que le había conducido a la camareta. La escotilla a través de la cual se había introducido en la nave, estaba cerrada. No le sorprendió, desde luego, pero quiso convencerse. Subió de nuevo por el pasillo en espiral. La puerta de la camareta aparecía cerrada. La empujó con el hombro... no logró abrirla.
El hombre avanzó por el largo pasillo, tratando de no hacer ruido. Pero sus pesadas botas crujían a cada paso que daba y, en el profundo silencio, aquellos crujidos resultaban ensordecedores... al menos para él. En consecuencia, renunció a toda precaución y empezó a andar con paso decidido. Esto pareció devolverle toda su presencia de ánimo, y cuando llegó al final del pasillo y encontró otra puerta, la empujó sin vacilar.
La puerta se abrió.
El ser estaba recostado en una silla-sillón. Una de las cajas de plata estaba en el suelo, cerca de él. Una especie de tubo ascendía desde la caja hasta el rostro del ser, el cual parecía estar alimentándose.
El hombre y el ser se contemplaron uno a otro en silencio. El hombre no hizo ningún movimiento con su rifle. El ser continuó alimentándose.
Lo que el hombre estaba viendo era una casi-persona. Tenía una cabeza, un cuerpo, cuatro extremidades. Nada permitía adivinar si andaba sobre las cuatro, o sobre las dos posteriores. Ninguna de las extremidades estaba calzada, y manos y pies se confundían.
El ser habló. Su charla era una especie de ulular en tono menor, que no le impedía seguir alimentándose.
Lo que el ser le estaba diciendo al hombre, sin preámbulo ni acogida de ninguna clase, era que se había dado cuenta muy pronto, después de despegar, de que la nave tenía un polizón.
El hombre no comprendió una sola palabra.
El ser conjeturó lo que estaba ocurriendo y lamentó la imposibilidad de establecer comunicación entre ellos, pero continuó hablando como para demostrar que sus sentimientos eran amistosos.
—Desgraciadamente —dijo el ser, mirando al hombre con ojos afectados como un diamante—, ahora no puedo regresar. Tengo trazado un plan de vuelo, y no puedo apartarme de él.
Hizo una pausa como si esperase una respuesta, pero el hombre no dijo nada. El ser no hizo ningún movimiento, excepto para flexionar sus dedos lentamente.
—Mi patrulla me recogerá pasado el sistema solar —continuó diciendo el ser—, y usted tendrá que venir conmigo. Mi próximo viaje tendrá lugar dentro de dos años. Entonces podrá volver a su casa. Entretanto, le cuidaremos bien.
El hombre, sin comprender, escuchaba las palabras con suspicacia. La voz ululante del ser le erizaba los pelos de la nuca. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, exactamente igual que una noche que estaba cazando en un bosque desconocido y un lobo aulló más allá de la fogata de su campamento, pero muy cerca de él.
El hombre miró hacia atrás repentinamente, pero no vio a nadie.
—Estoy solo en la nave —dijo el desconocido, interpretando correctamente el movimiento del hombre—. Ahora tengo que comprobar el rumbo. Pura rutina. Venga conmigo, si quiere.
El ser saltó de la silla-sillón al suelo con un gracioso movimiento y le hizo una seña al hombre para que le siguiera. Su paso no era el humano andar erguido, ni el trote de un cuadrúpedo, sino algo intermedio.
El hombre se apartó a un lado cuando el ser pasó junto a él, de camino hacia la puerta. Luego le siguió, con cautela.
Pasaron a lo largo de una serie de pasillos que brillaban como la plata bruñida. El desconocido dirigía miradas ocasionales hacia atrás. El hombre le seguía, con las manos engarfiadas en su rifle.
—Lamento las molestias que va a ocasionarle todo esto —dijo el ser, sabiendo que no sería comprendido, pero contento, al parecer, de tener una oportunidad para hablar—. Escogí una zona que me pareció deshabitada para aterrizar y recargar los tanques de atmósfera. He estado en su planeta varias veces, pero hasta ahora nadie había visto la nave, al menos que yo sepa.
—Me está usted poniendo nervioso —dijo el hombre en voz alta—. Será mejor que no siga moviéndose de ese modo, si no quiere que le vuele la cabeza.
—¿De manera que habla usted? —dijo el ser—. Bien. Un lenguaje muy curioso, y posiblemente inteligente. Tengo que grabarlo para su estudio. Tal vez su planeta tenga otras posibilidades. Me pregunto si la suya es la forma de vida dominante, o uno de los sub-grupos. Incluso es posible que podamos establecer comunicación antes de que vuelva a dejarle en el lugar donde le encontré.
—Su cabeza sería un hermoso trofeo —dijo el hombre—. Desde luego, no me creería nadie. Creerían que era un truco de un taxidermista.
—Esta es la sala de mandos —dijo el desconocido. Hizo un gesto y se abrió una puerta. El desconocido la cruzó, invitando al hombre a seguirle. El hombre lo hizo.
—Esto parece la cabina del piloto, o el puente, o como diablos se llame —dijo el hombre—. Si liquidara a ese monstruo, tal vez pudiera aprender a pilotar esto y regresar a casa.
El ser se acercó a un cubo plateado montado sobre un trípode y lo estudió con atención, aunque el hombre no pudo ver más que una superficie completamente lisa.
—Perfecto —dijo el ser—. ¿Le gustaría ver dónde estamos?
Tocó el cubo aquí y allí con rápidos movimientos de sus dedos, y un trozo de la pared se convirtió en una pantalla. Allí, contra la negrura tachonada de estrellas del espacio, estaba la Luna, y, más allá, un globo verde que debía de ser la Tierra.
El hombre abrió la boca involuntariamente. Era como si creyera por primera vez que la nave había abandonado el suelo.
—Un hermoso espectáculo —dijo el ser—. Su mundo es uno de los más bellos. Algún día nos dedicaremos a explorarlo. Y el conocimiento de su lenguaje, si es que se trata de un lenguaje, podría ayudarnos. ¿Por qué no empezamos ahora? —Señaló la Luna—. Satélite —dijo.
—Eso es la Luna, sí —dijo el hombre.
—Slalunasí —repitió el ser—. Muy interesante. —Señaló el globo verde—. Sistema XI, Planeta Tres. Supongo que ustedes le llaman Tierra. La mayoría de seres que viven en el suelo utilizan ese término para designar a su planeta. Tierra —repitió.
El ulular del desconocido subió y bajó de tono, pero el hombre no consiguió distinguir nada que se pareciera ni remotamente a una palabra.
—Creo que estamos en plena clase de idiomas. Pero yo no pesco ni una.
—Muy difícil, muy difícil —dijo el ser. Señaló otra vez la Luna—. Slalunasí.
—Luna.
—Una... Comprendo, una variación. Probablemente, uno es el vocablo genérico, y otro el específico. Estamos progresando, amigo mío. Estoy seguro de que dentro de unas semanas podremos conversar. Mientras, debo cuidar de usted. Supongo que debe comer...
El ser hizo desaparecer la pantalla de la pared, colocó una caja plateada cerca de una silla-sillón, hizo un gesto al hombre para que se sentara y le ofreció el tubo que estaba conectado a la caja.
El hombre tomó el tubo y se sentó. Examinó la caja y el tubo con suspicacia, y luego golpeó el extremo del tubo contra la palma de su mano para ver lo que salía. No salió nada. Tranquilizado por el hecho de que el ser se había alimentado de una caja similar, se llevó el tubo a la boca. Inmediatamente brotó un espeso líquido, tibio, y el hombre apartó el tubo a un lado.
El líquido era completamente insípido, pero aquel breve sorbo le había infundido una sensación de bienestar. Miró al ser, el cual asintió. Se llevó de nuevo el tubo a la boca. Sorbió.
Su sensación de bienestar aumentó. Estiró las piernas y se reclinó hacia atrás. La mano que empuñaba el rifle se aflojó, y el arma cayó al suelo.
Al cabo de unos instantes, el hombre estaba profundamente dormido.
Cuando se despertó de nuevo no abrió los ojos inmediatamente. Una especie de languidez le invadía desde la cabeza a los pies. Sabía dónde estaba, pero no experimentó ningún temor. Le estaban cuidando perfectamente y no tenía nada que temer del desconocido, que parecía un ser inteligente y amistoso.
Existía el problema de regresar a la Tierra, pero podía esperar. El hombre era un solitario, sin familia ni responsabilidades, y la aventura que estaba corriendo era más apasionante que la caza.
Recordó, con los ojos todavía cerrados, que no se sentía tan satisfecho antes de alimentarse con el tubo conectado a la caja plateada. La idea le inquietó. Posiblemente, le habían drogado.
Abrió los ojos de par en par.
Su cuerpo, decapitado, estaba tendido sobre una mesa, al otro lado de la habitación.
Mientras lo contemplaba, horrorizado, el cuerpo se aplastó y se ensanchó, como si un gran peso invisible lo estuviera oprimiendo desde arriba.
El cuerpo se hizo transparente, y el hombre pudo ver las venas y los huesos. Era su propio cuerpo. Reconoció la cicatriz producida por una operación de apendicitis, que había sufrido años antes.
Pero no sintió ningún dolor.
Su cabeza debía estar enroscada a alguna parte. Podía mover los ojos, pero nada más.
Encima de él había uno de los extraños cubos plateados de la nave. Podía verlo enarcando las cejas y dirigiendo la mirada hacia arriba. Una radiación de color violáceo salía de aquel cubo y bañaba su cabeza.
Miró hacia abajo, con temor, pero no vio ni una sola gota de sangre.
En aquel momento, el desconocido entró en la habitación. No miró la cabeza; se dirigió directamente a la mesa sobre la cual yacía el aplastado y transparente cuerpo. Lo examinó con gran interés.
La mente del hombre estaba gritando de indignación y de terror. Ante su vista, situado a quince pies de distancia del decapitado cuerpo, el ser se había convertido en un monstruo diabólico. Y pensar que en un momento determinado casi había llegado a creer, que podía confiar en él...
En aquel mismo instante, el ser se volvió y se dio cuenta de que los ojos de la cabeza estaban abiertos.
—¡Está usted despierto! —exclamó, preocupado—. ¡Oh! Lo siento...
Para el hombre, la expresión del desconocido fue perversa.
—Estaba convencido de que dormiría usted hasta que hubiera acabado de examinarle —dijo el desconocido—. Distinto metabolismo, supongo.
Pareció que trataba de leer la expresión de los ojos del hombre.
—Espero que conocerá usted este invento —dijo—. Si no lo conocía, le habrá producido una enorme impresión. —Volvió a inclinarse sobre el cuerpo—. Sí, el corazón late apresuradamente y la respiración es agitada. ¡Oh! Lo siento...
Las palabras del desconocido sonaron en loa oídos del hombre como el cántico ritual de un salvaje.
—Vamos a unirle de nuevo —dijo el ser—. Sé que tiene usted la sensación de que le han cortado la cabeza y le han aplastado el cuerpo, pero en realidad se trata de una simple ilusión óptica. Esto es nuestro Diagnostican. Muy eficaz, y completamente inofensivo. Por medio de él he registrado todas las funciones de su cuerpo. Y el rayo violeta que baña su cabeza está registrando lo que puede de su cerebro. Si fuera médico, podría explicárselo mejor. Aunque entonces, desde luego, no me comprendería usted en absoluto.
El desconocido se acercó a una de las paredes y pulsó varios interruptores.
La luz violácea se apagó e inmediatamente el hombre volvió a su primitivo estado, con la cabeza unida a su tronco. Estaba tendido sobre la mesa, sin ningún peso que le aplastara, y la mesita cúbica sobre la cual había reposado su cabeza, al otro lado de la habitación, vacía.
El hombre notó un hormigueo en todo su cuerpo, como si millares de insectos se pasearan por él. Se sentó rápidamente. En el suelo, estaba su rifle.
No se detuvo a pensar por qué estaba entero otra vez, sino que saltó de la mesa y cogió el rifle.
Disparó casi a quemarropa contra el ser. Falló el tiro por una pulgada.
—Por favor —dijo el desconocido—. Yo no le he hecho a usted ningún daño.
El segundo proyectil atravesó el hombro del desconocido.
—Pero, puedo hacerle daño —advirtió el ser—. No tengo por qué tenerle consideraciones especiales. Hay millones de seres de su especie.
Levantó la mano derecha, dejando al descubierto una especie de reloj que llevaba en la muñeca.
El rifle disparó por tercera vez.
Simultáneamente, el reloj desprendió unas radiaciones y el hombre quedó muerto.
El ser se encogió de hombros.
«Podía haber sido una interesante compañía», murmuro.
Recogió el cadáver del hombre y lo tiró al expulsor de los desperdicios.

El conductor del automóvil llegó al lugar de aparcamiento próximo a la entrada del metro. La avispa estaba de nuevo pegada al cristal del parabrisas.
El hombre se sentó ante el volante, dio la vuelta a la llave del encendido, pisó el embrague, dio gas y soltó el embrague.
Aquella serie de movimientos repentinos y maquinales debieron inquietar a la avispa.
Zumbó furiosamente, y se acercó al rostro del hombre.
El hombre agitó una mano delante de su rostro.
—Mira, avispa —dijo, medio en broma, medio asustado—. No quiero hacerte ningún daño. Quédate quieta, y no te pasará nada.
La avispa voló hacia la parte trasera del automóvil y volvió a acercarse al hombre.
—¡Maldito bicho! —exclamó el hombre, y utilizó su cartera de mano para librarse del ataque.
El zumbido del insecto se hizo todavía más furioso. El hombre vio su oportunidad, y la cartera de mano aplastó a la avispa.
El hombre cogió el insecto muerto por un ala y lo tiró por la ventanilla.

Richard Wilson.

lunes, septiembre 07, 2009

Monólogo de Anton Ego sobre el rol del crítico


En muchos sentidos, la labor de un crítico es sencilla. Arriesgamos muy poco y sin embargo disfrutamos de una posición privilegiada sobre aquellos que ofrecen su trabajo y su persona a nuestro juicio. Prosperamos gracias a la crítica negativa, la cual es fácil de escribir y leer. Sin embargo, la amarga verdad que debemos enfrentar nosotros, los críticos, es que en el gran orden de las cosas la pieza promedio de basura es más significativa que la crítica que la califica de esa forma.

Pero hay ocasiones en que un crítico realmente arriesga algo, y esto ocurre en el descubrimiento y defensa de lo nuevo. El mundo es a menudo cruel con los talentos nuevos, las nuevas creaciones; lo nuevo necesita amigos.

Anoche, yo experimenté algo nuevo, una cena extraordinaria proveniente de una fuente particularmente inesperada. Decir que tanto la comida como su creador han desafiado mis prejuicios acerca de la buena mesa es una grosera moderación. Lo cierto es que me han sacudido en lo más profundo de mi ser.

En el pasado, no he ocultado mi desdén hacia el famoso lema del Chef Gusteau´s: “Cualquiera puede cocinar”. Pero me he dado cuenta que sólo ahora he entendido realmente que es lo que quería decir. No cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista puede venir de cualquier parte.

Resulta difícil imaginar orígenes más humildes que los del genio que cocina ahora en Gusteau´s, quien es, en la opinión de este crítico, nada menos que el mejor chef en Francia. Volveré pronto a Gusteau´s, hambriento por más.


Anton Ego
(crítico culinario en la hermosa película "Ratatouille")

sábado, agosto 22, 2009

Reflexiones aleatorias en torno al cine de Park Chan-wook


Todo arte tiene un encanto particular, único. El cine, creo, goza del valor de la integralidad. Tal vez no tenga el inspirado arrojo que puede llegar a tener la literatura o el carácter sublime que a veces alcanza la poesía, pero a través de su poderío audiovisual puede aspirar a unificar algunos de los más puros componentes del resto de las artes. Ahí radica su fortaleza. De ahí que piense que Park Chan-wook sea un cineasta por excelencia; sus filmes no intentan cumplir un rol social, impulsar debates didácticos ni complacer al público masivo, por lo menos intencionalmente, sino que ante todo son cine, vale decir, son la máxima expresión de lo que el lenguaje cinematográfico tiene a la mano. Su estilo nace a partir de un prolijo entramado estético donde juegan un rol fundamental la crudeza, el humor, la tragedia, la lírica, el ingenio y la música. ¿El resultado?: nuevos niveles de originalidad y belleza.

El mundo conoció al surcoreano Park Chan-wook con Old Boy, un brutal relato de desquite, con alguna influencia del cómic, que vino a ser la segunda parte de su famosa trilogía de la venganza. Le antecedió Sympathy for mister vengeance y le siguió Sympathy for lady vengeance. La primera brilló por su dureza y perspicacia argumental, y la tercera por su delicadeza poética. Las tres películas son independientes entre sí y sólo tienen en común la temática: la venganza. Por consiguiente, la perspectiva narrativa de cada una de ellas es muy distinta: la primera es una suerte de comedia de equivocaciones lúgubre y feroz; la segunda, una historia bestialmente épica en la que Chan-wook alcanza su apogeo estético y seduce a las masas; y la tercera, un drama apasionado, violento y trágico con una cinematografía cuya exquisitez pone los pelos de punta.


Es habitual que los cineastas de estirpe eludan la pregunta en relación al estilo; David Fincher dice que más que proporcionar un estilo lo que hace es solucionar los problemas de una determinada manera, y David Lynch, a propósito de este tema, compara su cine con la apreciación de la pintura. Park Chan-wook plantea que lo primero es la historia y que luego se puede pensar en un revestimiento estético que calce. Bonita respuesta la del realizador surcoreano, pero claro que hay elementos estilísticos que se repiten en su cine. De entre ellos destaca la música, especialmente el vals, cuyas propiedades volubles y dolientes fomentan el matiz trágico que siempre quiere proponer; véase, por ejemplo, aquella escena de Old boy donde el antagonista suelta la mano de su amada con esa desgarradora melodía de fondo. El humor también tiene un lugar de privilegio en sus filmes; un humor espinoso, a ratos macabro, que entra en las circunstancias más inconvenientes. Todo, por supuesto, engalanado de un montaje vertiginoso y a veces caótico, una fotografía dotada de hermosura, una dirección de arte bellamente contrastada y un trabajo de cámaras audaz y depurado.

La crudeza también parece ser indispensable en sus historias, dando cuenta de una percepción algo despiadada de la realidad. Y tal como lo ha hecho David Cronenberg, Chan-wook sitúa a la violencia como parte de nuestros códigos genéticos, como un instinto indomable. Al margen de la trilogía de la venganza, esta visión gráfica de la crueldad se refleja en Joint Security area y Cut. La primera es un thriller bélico, al estilo Park Chan-wook, situado en el conflicto entre las dos Coreas; la cinta se centra en el problema que se genera cuando se hallan los cadáveres de dos soldados norcoreanos en su área de seguridad compartida. Cut, por su parte, es un delirante cortometraje de unos treinta minutos de duración que formó parte de la película Three extremes; una cinta que reúne tres relatos desquiciados dirigidos por Fruit Chan, Takashi Miike y Park Chan-wook. La colaboración del cineasta que nos convoca es la narración de una ingeniosa tortura propinada a un director de cine exitoso por parte de un extra descontento.



La película que viene a configurar cierto giro en el cine de este realizador surcoreano es, sin duda, I’m a cyborg but that’s ok. Este filme le sigue a la trilogía de la venganza y potencia un tono presente pero subrepticio en su filmografía: el amor, la ternura, la humanidad o como quiera vérsele. Lógicamente, Chan-wook no abandona sus convicciones dramáticas, narrativas ni estéticas y crea una pieza de una belleza altísima. Puede que la historia se pierda en medio de la fabulosa maraña visual que nos regala, pero no importa; el mensaje se entiende y el resto es disfrutar del simbólico panorama audiovisual que brota de la pantalla. Esta vez Park Chan-wook nos plantea una suerte de apología a la pureza por medio de un universo muy significativo: la cotidianeidad de los pacientes de un manicomio. Por supuesto que está presente la tragedia, el humor, la gloriosa música y todas esas cosas que ya señalé; pero por sobretodo, se trata de una película que a través de una estética colorinche, luminosa y alegórica quiere irradiar nobleza y optimismo.

Lo último de Park Chan-wook se llama Thirst, un filme que cuenta la historia de un sacerdote que se convierte en vampiro. La película se estrenó el 30 de abril de este año en Corea del Sur y por estas tierras lo más probable es que llegue directamente a dvd en una fecha aún lejana. Eso sí, el trailer se ve muy atractivo y genera grandes expectativas, tanto en lo visual como en la temática. Seguramente será otro acierto, pero mientras no tenga el placer de verla sólo puedo sacar en claro una cosa: la constante búsqueda creativa que Park Chan-wook ha emprendido con su cine.


Terminemos diciendo que la filmografía de este cineasta surcoreano se descubre con el más profundo deleite por el amante del séptimo arte. Y cómo no, si sus películas son prolijas amalgamas construidas con los componentes justos y en la medida precisa. Por lo demás, la perfecta paradoja que reviste a su cine deja un placentero sabor de boca en el espectador. Me refiero a que, por un lado, sus historias son oscuras y trágicas, así como también lo son sus personajes, quienes deambulan la delgada línea entre la locura y la cordura, buscando una especie de redención liberadora y retorcida. Pero por otro lado, el humor negro, el montaje enérgico y la estética luminosa expresan todo lo contrario. La música, por su parte, se sitúa en el medio, a modo de contrapeso. En consecuencia, se genera un aire poético y alucinado que brinda un carácter épico a sus filmes, alcanzando esa belleza que sólo el cine puede tocar.


Nota: Si quiere puede leer este texto AQUÍ.

jueves, agosto 06, 2009

La sombra


La sombra

Sí, aunque marcho por el valle de la Sombra.
(Salmo de David, XXIII)


Vosotros los que leéis aún estáis entre los vivos; pero yo, el que escribe, habré entrado hace mucho en la región de las sombras. Pues en verdad ocurrirán muchas cosas, y se sabrán cosas secretas, y pasarán muchos siglos antes de que los hombres vean este escrito. Y, cuando lo hayan visto, habrá quienes no crean en él, y otros dudarán, mas unos pocos habrá que encuentren razones para meditar frente a los caracteres aquí grabados con un estilo de hierro.

El año había sido un año de terror y de sentimientos más intensos que el terror, para los cuales no hay nombre sobre la tierra. Pues habían ocurrido muchos prodigios y señales, y a lo lejos y en todas partes, sobre el mar y la tierra, se cernían las negras alas de la peste. Para aquellos versados en la ciencia de las estrellas, los cielos revelaban una faz siniestra; y para mí, el griego Oinos, entre otros, era evidente que ya había llegado la alternación de aquel año 794, en el cual, a la entrada de Aries, el planeta Júpiter queda en conjunción con el anillo rojo del terrible Saturno. Si mucho no me equivoco, el especial espíritu del cielo no sólo se manifestaba en el globo físico de la tierra, sino en las almas, en la imaginación y en las meditaciones de la humanidad.

En una sombría ciudad llamada Ptolemáis, en un noble palacio, nos hallábamos una noche siete de nosotros frente a los frascos del rojo vino de Chíos. Y no había otra entrada a nuestra cámara que una alta puerta de bronce; y aquella puerta había sido fundida por el artesano Corinnos, y, por ser de raro mérito, se la aseguraba desde dentro. En el sombrío aposento, negras colgaduras alejaban de nuestra vista la luna, las cárdenas estrellas y las desiertas calles; pero el presagio y el recuerdo del Mal no podían ser excluidos. Estábamos rodeados por cosas que no logro explicar distintamente; cosas materiales y espirituales, la pesadez de la atmósfera, un sentimiento de sofocación, de ansiedad; y por, sobre todo, ese terrible estado de la existencia que alcanzan los seres nerviosos cuando los sentidos están agudamente vivos y despiertos, mientras las facultades yacen amodorradas. Un peso muerto nos agobiaba. Caía sobre los cuerpos, los muebles, los vasos en que bebíamos; todo lo que nos rodeaba cedía a la depresión y se hundía; todo menos las llamas de las siete lámparas de hierro que iluminaban nuestra orgía. Alzándose en altas y esbeltas líneas de luz, continuaban ardiendo, pálidas e inmóviles; y en el espejo que su brillo engendraba en la redonda mesa de ébano a la cual nos sentábamos, cada uno veía la palidez de su propio rostro y el inquieto resplandor en las abatidas miradas de sus compañeros. Y, sin embargo, reíamos y nos alegrábamos a nuestro modo -lleno de histeria-, y cantábamos las canciones de Anacreonte -llenas de locura-, y bebíamos copiosamente, aunque el purpúreo vino nos recordaba la sangre. Porque en aquella cámara había otro de nosotros en la persona del joven Zoilo. Muerto y amortajado yacía tendido cuan largo era, genio y demonio de la escena. ¡Ay, no participaba de nuestro regocijo! Pero su rostro, convulsionado por la plaga, y sus ojos, donde la muerte sólo había apagado a medias el fuego de la pestilencia, parecían interesarse en nuestra alegría, como quizá los muertos se interesan en la alegría de los que van a morir. Mas aunque yo, Oinos, sentía que los ojos del muerto estaban fijos en mí, me obligaba a no percibir la amargura de su expresión, y mientras contemplaba fijamente las profundidades del espejo de ébano, cantaba en voz alta y sonora las canciones del hijo de Teos.

Poco a poco, sin embargo, mis canciones fueron callando y sus ecos, perdiéndose entre las tenebrosas colgaduras de la cámara, se debilitaron hasta volverse inaudibles y se apagaron del todo. Y he aquí que de aquellas tenebrosas colgaduras, donde se perdían los sonidos de la canción, se desprendió una profunda e indefinida sombra, una sombra como la que la luna, cuando está baja, podría extraer del cuerpo de un hombre; pero ésta no era la sombra de un hombre o de un dios, ni de ninguna cosa familiar. Y, después de temblar un instante, entre las colgaduras del aposento, quedó, por fin, a plena vista sobre la superficie de la puerta de bronce. Mas la sombra era vaga e informe, indefinida, y no era la sombra de un hombre o de un dios, ni un dios de Grecia, ni un dios de Caldea, ni un dios egipcio. Y la sombra se detuvo en la entrada de bronce, bajo el arco del entablamento de la puerta, y sin moverse, sin decir una palabra, permaneció inmóvil. Y la puerta donde estaba la sombra, si recuerdo bien, se alzaba frente a los pies del joven Zoilo amortajado. Mas nosotros, los siete allí congregados, al ver cómo la sombra avanzaba desde las colgaduras, no nos atrevimos a contemplarla de lleno, sino que bajamos los ojos y miramos fijamente las profundidades del espejo de ébano. Y al final yo, Oinos, hablando en voz muy baja, pregunté a la sombra cuál era su morada y su nombre. Y la sombra contestó: «Yo soy SOMBRA, y mi morada está al lado de las catacumbas de Ptolemáis, y cerca de las oscuras planicies de Clíseo, que bordean el impuro canal de Caronte.»

Y entonces los siete nos levantamos llenos de horror y permanecimos de pie temblando, estremecidos, pálidos; porque el tono de la voz de la sombra no era el tono de un solo ser, sino el de una multitud de seres, y, variando en sus cadencias de una sílaba a otra, penetraba oscuramente en nuestros oídos con los acentos familiares y harto recordados de mil y mil amigos muertos.


Edgar Allan Poe.

domingo, julio 05, 2009

Eerie Indiana



¿Alguien se acuerda de esta serie infanto-juvenil del año 91' que evocaba a Twin Peaks y La dimensión desconocida?


Nostalgia pura.

miércoles, junio 24, 2009

Entrevista a Park Chan-wook

La película que con más fervor espero este año es, sin duda, Thirst de Park Chan-wook. Una película donde el protagonista es un cura que se convierte en vampiro. Hace rato que se estrenó en su país de origen (Corea del Sur), pero no hay ninguna señal de su llegada a Chile. Claro, puede que esté en internet, pero no quiero verla en avi; me gustaría verla en una sala de cine o al menos en calidad de dvd en el televisor más grande de la casa. El cine de Park Chan-wook es cine por antonomasia, por excelencia. Sus películas no se reducen a afanes sociales, ideológicos, económicos o de otra índole, sino que simplemente son buenas historias contadas con todo lo que el lenguaje cinematográfico puede proveer. Y cuando digo todo, es todo, dando una potencia estremecedora a sus filmes. De ahí que lo considere dentro de los mejores cineastas vivos y quiera ver sus cintas en el mejor formato posible.

Por ahora, les ofrezco esta gran entrevista que encontré en youtube mientras buscaba el trailer traducido de Thirst.

jueves, junio 11, 2009

Stephen King en la pantalla, el lado B (texto en 60watts.net)


Cada cierto tiempo vuelvo a S. King y a su mundillo, cual nieto ingrato que visita a su abuelo de vez en cuando. En esta ocasión quise hablar un poco de su relación con el cine, más precisamente con los telefilmes y miniseries: un universo bizarro y de bajo presupuesto, pero encantador. Una de las tantas facetas de la obra del indiscutido maestro del terror. El texto fue publicado en el sitio web 60watts.net, comandado por el bloguero Diego Zúñiga; una gran página en la que podrán encontrar críticas, columnas, creaciones, entrevistas, etcétera.

Lea mi texto AQUÍ. Y, a modo de bonus track, les dejo los trailers de las cintas y series que comenté:

The Tommyknockers
The langoliers
La tormenta del siglo
Nightmares and dreamscapes
Desesperación

jueves, junio 04, 2009

6 minicríticas

Asfixia: Tras la impecable y enaltecedora adaptación de la novela de Chuck Palahniuk “Fight club”, por parte de David Fincher, se esperaba algo así con el primerizo cineasta (pero veterano actor) Clark Gregg y su rodaje de “Asfixia”: la más importante novela de Chuky. Por desgracia se queda corta, tanto narrativa como estéticamente. “Asfixia”, lamentablemente, resulta ser una comedia ligera cuyos dotes radican en la suspicacia del argumento que le sirve de base más que en su lenguaje visual. Claro, es graciosa, es satírica y el protagonista está bien elegido (Sam Rockwell); el problema está en que el potencial de “Choke” (una novela que habla de un adicto al sexo, posiblemente descendiente de Jesucristo y que se asfixia en restaurantes para conseguir afecto) era muchísimo más explotable.

En busca de un beso de medianoche: Un tipo solitario quiere compañía en la noche de año nuevo y busca pareja en Internet. Punto. El filme está bien ejecutado: diálogos con ritmo, romanticismo bien ponderado, buena música. Además, la imagen está en blanco y negro y se genera una atmósfera más pulcra, tal vez más bella. El talón de Aquiles está en la falta de matices de la pareja protagónica: un tipo solitario, sólo eso, y una chiquilla pueblerina con afanes de ser estrella. Muy cliché. La cinta funciona, pero me pateó un poco eso. Otra cosa: ¿por qué tienen que ser tan bonitos? ¿La gente de aspecto promedio no puede protagonizar una película romántica? Aparte resuena mucho “Antes del amanecer” y, de caer en la comparación, “En busca de…” no logra superarla.

La duda: El origen teatral de este filme justifica por completo la elección del reparto. Se requería presencia, y quienes más precisos que Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman. Lo mejor del filme está en el poder de las interpretaciones, lejos. Hay unos diálogos muy potentes. La cinta habla de prejuicios, de conservadurismos exacerbados y, por supuesto, de la naturaleza de la duda. El principio jurídico de la presunción de inocencia plantea que el imputado debe ser tratado como inocente hasta que se demuestre lo contrario, pero en la vida diaria esto no siempre ocurre y un poco de eso trata el filme. Además, funciona como película de misterio; de hecho, la fotografía y la dirección de arte fomentan ese matiz policial.

Taken: De vez en cuando es impagable sentarse frente al televisor o en la butaca de un cine y simplemente dejarse llevar por una historia que te atrape. Da lo mismo si habla de la vida o de la muerte, o de lo humano o lo divino, o si captura de algún modo la belleza. Taken es una película de acción y suspenso bien hecha. Nada más. No pone al género en un nuevo nivel ni brinda al cine un gran aporte, pero divierte. Jugando con un par de clichés y manejando muy bien esa fina sensación que es el suspenso, el filme hace que nos olvidemos de nuestros quehaceres por una hora y media y con eso me doy por pagado. ¿La trama?: un espía deja su trabajo para estar cerca de su hija, pero ella es raptada y tendrá que usar toda su experticie y amor de padre para recuperarla. Qué lindo, ¿no?

Vicky Cristina Barcelona: En este filme, Woody Allen sigue hablándonos de la psicología humana, de los instintos básicos, de las mujeres fatales y, en definitiva, de sus obsesiones. La trascendencia de la película radica en la suspicacia con que plantea los conflictos sentimentales, los diálogos y la trama de acciones. Además del impecable manejo del absurdo en las relaciones humanas. Todo revestido de erotismo y picardía. A propósito del filme se habló mucho del rol de Barcelona, pero para mí, tal como ocurre con Nueva York en sus otras películas, la ciudad simplemente es un escenario adecuado y no necesariamente implica mostrar una identidad cultural; a diferencia de otras películas donde sí es fundamental (Slumdog millionare, por ejemplo). Si bien la cinta no se sitúa dentro de los grandes logros de Woody, podría decirse que es un delicioso postre preparado por él con sus ingredientes favoritos.

Halloween, el origen: Nunca fui fanático de la versión original. Quise ver este remake por una sola razón: lo dirigía el macabro Rob Zombie. La cinta antigua, al margen de la mística que generó en la época, no tenía mucho brillo, pero Zombie generaba grandes expectativas (sus dos filmes anteriores las justificaban). Me imaginé que lograría suspenso, escenas crudas, gore del bueno, etcétera. Lamentablemente, la película resulta tediosa y decepcionante. Algunos dicen que hizo lo que pudo con una historia bastante plana, pero estoy seguro que si le pasamos el filme más aburrido del mundo a Tarantino haría algo divertido. Por algo se llama REMAKE (rehacer). Me defraudaste, Rob Zombie. Te tenía más fe.