viernes, agosto 08, 2008

Perdidos en Bangkok


I.
Íbamos en un ascensor. Éramos Mónica Bellucci y yo. Un hombre común y una mujer inalcanzable unidos en una circunstancia. Nos dirigíamos a fornicar. Estábamos en el Lebua at State tower, un lujoso hotel de Bangkok. Nos conocimos en la sexagésima tercera planta, en el Sirocco, el sky bar más alto del mundo. La distinguí y no la perdí de vista. Ella miraba la fabulosa y resplandeciente ciudad y yo bebía un whisky. Éramos los únicos rostros occidentales. Atravesé la pista de baile y me situé a su lado. Dije: Thailand is a mixture of modernity and tradition, you know. Oí resonar las palabras en mi cabeza y me sentí como un guía turístico. Mónica sonrió. Créanme, fue extraordinario. Eso bastaba. Si arruinaba el diálogo, conservaría esa sonrisa.

- Where are you from? - dijo.
- Chile.
- Chile?
- Salas, Zamorano, Pinochet, Neruda…
- ¡Ah! Chile.

Un chilenito promedio y la actriz italiana más sensual del mundo. A eso le llamo estar en el lugar justo en el momento preciso. El idílico escenario y el alcohol afirmaban mi peso existencial. En otras circunstancias, a su lado me hubiese sentido como un insecto. Le pregunté qué hacía en Tailandia y me explicó que rodaba una película. Hizo lo propio y le revelé que me daba las vacaciones de mi vida. Entretanto, le extendí una cajetilla de Lucky strike Light con un cigarrillo sobresalido y le ofrecí fuego; luego encendí uno para mí. Mi maniobra fue fluida y me sentí orgulloso. Cada uno de sus gestos y movimientos eran un acto de una belleza sublime. Hablamos y bebimos durante casi una hora. Entonces ocurrió un milagro.

- Do you want to come to my suite and have sex with me? - me dijo.
- Are you kidding me?
- No.

Hubo un silencio de siete segundos, en seguida respondí.

- Yes, i will fuck you.

II.
El ascensor se detuvo en la vigésima quinta planta. Caminamos en silencio hasta llegar a la habitación 28 e ingresamos. Me hizo pasar al balcón, luego dijo que volvía en un segundo y me dejó solo. La vista era maravillosa, el río Chao Phraya y la modernidad en su máxima expresión creaban un cuadro majestuoso. Mónica volvió con dos whiskys y dos pastillas. Puso una en su boca y otra en la mía, después me instó a digerirla con un prolongado sorbo. Estaba entregado, como un rehén. Conversamos cosas que no recuerdo y acabamos nuestros vasos. El beso fue arrebatado y a quemarropa. Nuestras lenguas tuvieron sexo. Ambos sudábamos y jadeábamos y palpábamos y ansiábamos. Nuestra acompañante, la gloriosa panorámica nocturna, se reía de nuestra fragilidad y finitud.

Cerré los ojos. Los abrí y estábamos en su cama. En una de las paredes de la alcoba lucía un enorme plasma que exhibía el video clip tear us apart de She wants revenge. Una imagen obscenamente sexy armonizaba el ritmo electro pop: la vacilante desnudez de Mónica sobre mí. Nuestras distorsionadas percepciones se fusionaban en deliciosos vaivenes y caricias. Me besó y de nuevo cerré los ojos. Volví a ver y ella ahora estaba boca abajo recibiendo mis arremetidas. Todo era difuso, como un sueño.

De golpe, aterricé en la tangible realidad: mi cópula con una actriz mundialmente famosa. Me desprendí de la carnalidad del contexto y saqué conclusiones. Estaba follando con un concepto estético imperante. La belleza es un poder, tal como lo es el dinero y las armas. En cierta forma, pensé, mi acto sexual con Mónica Bellucci equivalía a hacerme presidente de una empresa multinacional o a poseer una bomba atómica. Tenía sexo con el emblema contemporáneo de la belleza. Me sentí el rey del mundo, justo después eyaculé.

III.
En la mañana desperté con las rodillas débiles. Sentí una ambigua mezcolanza de sensaciones: satisfacción, pudor, vergüenza. Comprendí que lo más difícil sería la conversación matutina. La clásica timidez del chileno saldría a flote. Mónica estaba en el balcón del cuarto charlando por celular. Hablaba en francés. No entendí nada, sin embargo, escuché varias veces la palabra Vincent. Entró a la habitación y simulé estar dormido. Caminó de aquí para allá y finalmente oí un portazo. Me levanté y vi una nota sobre la cama.

"I had to go. I spent a really good time with you, i hope you too. Bye, stranger."

La firma decía Mónica B.

Con una sonrisa indestructible, prendí el plasma. En todos los canales de televisión se hablaba de un insólito eclipse lunar que tuvo lugar a eso de las 2 de la madrugada. Varios científicos expresaron sus opiniones y algunos se atrevieron a decir que se trataba de un síntoma del fin del mundo. Ciertas personas, incluso, describieron asombrosos sucesos de que fueron objeto durante la noche. Apagué la pantalla y espontáneamente exclamé lo siguiente: ¡bendita anomalía lunar!

5 comentarios:

Felipe dijo...

esta bueno el cuento, pero cometiste un error garrafal! monica no es francesa es ITALIANA! francesas eran las q te hacian las niñas de vida alegre por 5 lukas en barrio puerto, en tus años mozos, y bueno por 2 lukas los niños-niñas de vida alegre tambien cuando estabas corto de monedas, te debiste haber confudido por eso

Antonio Díaz Oliva dijo...

Hahahaa..me reí harto con el cuento y -además- Mónica es muy, pero muy rica. Aunque de sólo pensar esa película en que la violan, aún se me revuelve la guata.

Saludos

PD: Funny Haha..sí, es rara..qué bueno que la viste...no sé, me cae bien la flaca y me agrada lo sencillo de la peli, pero el final es horrible, un corte y nada. Me recordó a un libro de Rick moody "Días en garden state"

Anónimo dijo...

me rei caleta weno te felicito considera lo q te puso felipe y corrigelo

Andrés dijo...

el sueño del pibe no?


en realidad, que hombre no desearia tener a la sita Bellucci, un sueño, que solo puede ser realizado por una mezcla de constelaciones irrepetibles...


a un detalle, Moniquita es Italiana.....

FiNCHeR dijo...

me convencieron, lo correjí!